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Un chorro de sensaciones diarias…

17 septiembre 2014

La vida es corriente de agua. Y es bosque siempre con hojas mecidas por el viento de la noticia. Y es montaña sobrevolada por águilas y cárabos. Y es pantano con ciénagas de confusión. Y es fiesta y lúgubre procesión de hechos y de aconteceres tristes.

La vida es corriente de agua. Y es bosque siempre con hojas mecidas por el viento de la noticia. Y es montaña sobrevolada por águilas y cárabos. Y es pantano con ciénagas de confusión. Y es fiesta y lúgubre procesión de hechos y de aconteceres tristes. Y es carta de ilusión al que, como dijo el clásico, ni es envidioso ni envidiado. Y es casa en sosiego con hijos que educar y alimentar. Y es anuncio de datos que sobrecogen al más bregado en ella. Y es litera en que viajamos, en tren de lujo, pero siempre con la duda de si llegar o no al fin del viaje, sin quebrantos ni nada que nos fastidie el placer de trasladarnos a otras ciudades, lugares donde descansar, o a sitios siempre apetecidos y nunca disfrutados.

La vida es noticia diaria, con claroscuros y amaneceres de sol y cielo azul. Y es paso hacia otros lugares. Que si la interpreta el agnóstico, todo quedará en la vereda del tormento sufrido, o en las delicias disfrutadas en la sociedad en que le tocó vivir.

La vida es periódico y radio, e Internet, y saludo diario entre dos amigos, o riña ácida entre dos adversarios políticos, un día en el hemiciclo, en que se trata de aprobar una ley, sacar una propuesta adelante o anunciar el fin de una etapa de malestar, crisis, desasosiego, hambre, paro obrero y todo cuanto nos hace la vida dura y cuesta arriba.

Y es la vida frenesí, dijo Calderón, y temblor, y angustia, cuando no salen las cosas como pretendemos y queremos. O es torrencial alegría cuando nuestros hijos lograron un puesto de trabajo o el premio extraordinario fin de carrera.

Y la vida es surco y camino, y autovía, o parada sorpresiva en nuestros anhelos y proyectos en que tantas esperanzas pusimos. O es lanzadera o catapulta que nos arroja, casi sin querer, a poseer otros escenarios en que nos puede dar la vida un giro de 180 grados. Porque todo lo que vive de tejas abajo, puede dar un vuelco a favor o en detrimentos nuestro.

Pero esto no lo puede remediar nadie. Aunque, si es verdad que el hombre es, ante todo, voluntad, según Pablo de Tarso; por lo que su férrea capacidad de remover obstáculos puede hacer que la vida se torne más proclive a los deseos puestos en determinada empresa.

Y la vida es, queramos o no, y siempre, un imprevisto. Un futuro sin retorno. Con lo bueno y con lo malo. Aunque siempre estaremos en trance y ocasión de rectificar. O de mejorar lo que realizamos, en cierta ocasión, en que fuimos empujados a hacer cosas que, quizás, no deseábamos.

Y la vida es promesa y proyecto. Y siempre será ensayo, donde pongamos nuestras fuerzas y nuestros medios para tratar de prepararnos para saber sortear toda clase de peligros y todo aquello que se interponga en nuestro camino.

Y siempre será aprendizaje. Nunca lo sabremos todo de todo. Siempre en nuestra vida habrá lagunas que rellenar y rincones oscuros que iluminar, y sendas y veredas que caminar si queremos tener a nuestro alcance un poco de lo que apetecemos en un momento dado.

Como es renuncia, como es puente a otro lugar, a otras sensaciones más frescas, a otros lugares más placenteros, más justos y entrañables.

Y es vida interior. No lo dudemos, pues no todo es la piedra y el pan. Ni todo es jolgorio, ni todo es riqueza ni palacio donde vivir, sino, igualmente, es dolor y angustia, y deseo de prosperar y ansias por llegar a sitios menos vulnerables.

Una vida interior que nos duele o nos enjuga el llanto; una vida interior que nos llena de placidez y nos arranca la paz, o nos deja a la intemperie, que nos abocará, si Dios no lo remedia a despeñarnos por la infelicidad o el infortunio. Pero esa vida interior puede ser una formidable palanca que nos dé fuerza y vigor para seguir siempre hacia delante.

Y la vida es costumbre. Y hábito. Y un permanente juego con las cosas. Y retiro dulce y sosegado, si contamos con la intimidad de nuestra alma, como escribiera Marco Aurelio. Y mientras vas y vienes, vida tienes, como dijera Rodríguez Marín. Como los trasiegos de esta vida diaria, anodina, o importante, siempre será una cadena de triunfos o de fracasos, de sinsabores o logros preciosos.

Y la vida es deseo, y reproche por lo que hicimos mal. Y siempre será hermosa a pesar de todos los pesares. Como es lucha, y duda, y entreacto de una comedia, y la comedia misma. Y teatro del bueno o del malo. Pero teatro, en que el hombre y la mujer se camuflan, se visten con alas de pavo real, o se ponen plumas de grajo. O visten dignamente, con rigor y aseadamente. Y siguen viviendo. Y. como dijo Gabriel García Márquez: “la vida es una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir…” Que no es poco.

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