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Aquella primorosa caligrafía

18 marzo 2014

¿Dónde está aquella caligrafía que tanto embellecía un documento notarial, o el oficio administrativo que una mano maestra escribiera pulcramente y con la más ordenada y sofisticada escritura?

¿Dónde está aquella caligrafía que tanto embellecía un documento notarial, o el oficio administrativo que una mano maestra escribiera pulcramente y con la más ordenada y sofisticada escritura? ¿Adónde han ido a parar aquellas cartas familiares tan entrañables que enviara el hijo a la madre, desde el colegio donde estudiaba, para hacerse, mañana, un hombre de provecho? ¿Dónde están ya aquellos ejercicios literarios de clase-composiciones-que te mandaba el profesor que hicieses, para tratar de escribir sobre el autor elegido por sus grandes valores estéticos, y que el alumno realizaba con el máximo interés, echando horas, porque había que esmerarse en la presentación y en todo lo demás, cuidando sobre todo la caligrafía y, por supuesto, la ortografía? ¿Y dónde la carta de amor, redactada con los mayores primores de letra y adornos complementarios…? Ya es algo que nos parece pasado de moda, viejo, inservible…

Ya salió la palabreja,“caligrafía”, ya casi olvidada, preterida, arrinconada. Hasta el nombre es bello y sugestivo, procedente del griego “kalós”, hermoso, y “graffein”, escribir. ¿Dónde ha quedado la caligrafía, la que, durante horas incontables, los chicos debían rellenar cuadernos “ad hoc”, para tratar de lograr, tras muchos ejercicios copiando preciosas muestras, un tipo de letra aseado y claro, capaz de reflejar bien los pensamientos vertidos en los textos elegidos? Porque no se ha vuelto a saber nada de esa caligrafía que, pacientemente, se realizaba en los viejos pupitres con pluma que mojabas en un tintero, con tinta azul o negra, junto al viejo “catón”, cartillas, y la antigua enciclopedia “Álvarez”, ya rememorada como algo antediluviano.. Caligrafía enhiesta, rutilante, que solía escribir el oficinista avispado durante horas, el pasante de notarías, el secretario del ayuntamiento en los correspondientes documentos, o el maestro y el profesor en los encerados de hule negro, con la tiza blanca, porque, en aquellos años, no las había de color.

Sólo los médicos, con los rasgos de sus crípticas recetas destrozaban las grafías, por eso de que tenían bula, o porque era la tradición, ¿ o era porque a un doctor se le vedase escribir habitualmente como todo hijo de vecino?: Se trata de algo que nunca he entendido bien. Pues bien esta caligrafía ahora olvidada, o denostada, sería estimada desde la más remota antigüedad. Por ejemplo en China, se la consideraba como una de las seis artes mayores, mientras que los persas la llevarían a un verdadero apogeo durante el siglo XVI. Por su parte, los musulmanes poseían una preciosa escultura caligráfica, disponiendo en friso los caracteres cúficos. Con relación a lo que decimos, cuántas veces, en nuestras visitas a monasterios y cenobios, nos hemos quedado deslumbrados ante los hermosos primores caligráficos de otros tantos códices miniados que, durante siglos, han estado copiando frailes pacientísimos, sentados en sus góticos sitiales. Recordemos aquellas letras mayúsculas que iniciaban el párrafo, plenas de exquisitez y rara habilidad, de devocionarios, misales, biblias u otros libros religiosos, y que ahora se nos antojan como auténticas joyas escriturísticas…

Pero el tiempo ha pasado y el progreso no se ha quedado quieto. Las máquinas de escribir –Olivetti y Onderwood, por ejemplo,- desplazaron de su alto trono a la caligrafía. Era la modernidad. Que venía a ganar tiempo- se decía- mediante la mecanografía veloz, con pulsaciones incontables, al minuto, en notarías, bancos, oficinas y empresas…¡Era un alivio, por supuesto! Pero se perdía “glamour” y belleza en la ejecución de las palabras. Se economizaba mucho tiempo, pero la escenificación del contenido literario, científico, o de otro cualquier tipo se les despojaba de hermosura e imagen. Y se ganaba dinero, algo que siempre hay que tener en cuenta..

Pero esa máquina que revoluciona, comercialmente, la escritura, no iba a ser es tope ya de todo, no iba a ser la solución definitiva, sino que vendrían nuevos artilugios que iban a revolucionar lo que antes parecía intocable y casi seguro de no ser superado. Falsa esperanza. Porque vino algo más poderoso, más potente, más rápido, más eficaz y más terminado y resuelto, por una serie de prestaciones que hacía sólo unos años era imposible imaginar. Era un instrumento poderoso y absorbente. Por lo que esa máquina adorable, fiel compañera de toda la vida, tuvimos que ir desechando paulatinamente, tan pronto nos convencimos que la misma quedaba ya como algo obsoleto y poco útil. Muchas máquinas electrónicas, nuevas y listas para escribir, estoy seguro que duermen su silencio en un rincón de nuestros despachos, sin solución de continuidad.

Así es la vida. Y así lo dice la zarzuela: Ya la civilización, la cultura corren que es una barbaridad. Y el que no se agarra a esos trenes, quedan como estatuas de sal. Otra cosa es que sabemos que grandes escritores no han sido capaces de tomar el tren de la modernidad, y siguen escribiendo como siempre, como lo hacían hace más de 30 años. El mismo Camino J. Cela, antes de fallecer, continuaba escribiendo a mano, y el mismo Francisco Umbral, antes de morir, seguía redactando sus famosos artículos en la última página del “Mundo”, con una máquina “Olivetti”. Pero son excepciones que confirman la regla. Y llegó el “ordenador”. Revolución, giro de 180 grados. Era algo como definitivo, absorbente, limpio, con archivos para guardar lo ya escrito, y con una variadísima gama de prestaciones que ahora no señalamos porque son ya casi todos los que lo conocen…Como es coherente pensar este ordenador, mañana, o pasado mañana, vendrán otros artilugios que nos maravillarán…De eso estamos seguros. ¡Y que lo veamos!.

No se puede parar al mundo, en su correr y evolución imparables, ni al intelecto del hombre, cuyo cerebro piensa, procesa y articula nuevos cauces de expresión. No se puede violentar el ingenio humano que va poniendo al servicio de todos nosotros nuevas “armas” que nos sirven para poder hacer nuestros escritos con mayor comodidad, pulcritud y empaque. Se trata de códigos y lenguajes nuevos que se van poniendo al alcance de los humanos. Y lo que “te rondaré morena”, pues lo que hoy es el último grito, no pasarán muchos años en que vendrán otros recursos, como decimos, que nos llegarán a deslumbrar, y así, de manera ininterrumpida, porque los conocimientos humanos no pueden dejar de lograr lo que llamamos la creación de esto o de aquello. Es la creatividad en el hombre un destello de Dios hermosísimo que Éste ha puesto en aquél, como regalo de su sabiduría infinita… Una prueba más de la trascendencia que nos hace pesar, de manera especial a los creyentes. Mientras tanto todos nos aprovechamos de tales inventos…

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