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Fernando Bravo y Bravo, Poeta

13 abril 2016

Siempre sentí gran interés por aproximarme al perfil biográfico de este personaje, de oronda calva y gran mostacho encanecido, tocado de sombrero...

Siempre sentí gran interés por aproximarme al perfil biográfico de este personaje, de oronda calva y gran mostacho encanecido, tocado de sombrero y sempiterna pajarita, del que, numerosas veces, hemos observado el porte distinguido de su figura venerable, apoyado en su bastón, y, a veces, cubriéndose con la garbosa capa española…

Su amabilidad y cortesía son cualidades que ha corroborado, en su día, un testigo de excepción, Ricardo Senabre, -el que fuera catedrático de la Universidad de Extremadura, y luego, de la de Salamanca- , quien en el prólogo del libro escrito por el profesor, Víctor García Camino, sobre su obra, señala que participó de su generosidad, llegando también a “atisbar los repliegues de aquella humanidad que ocultaba”. El entonces prestigioso dibujante Burgos Capdevielle le haría una estupenda caricatura, donde sus rasgos definidores quedaron, para siempre, fijados a través de su buen hacer artístico.

Fernando Bravo, nacido en la localidad cacereña de Garrovillas, en 1906, y fallecido en Jerez de la Frontera, en 1998, era hijo de Jacinto, poseedor de tierras y ganadería, y de Amelia, dedicada a sus quehaceres de ama de casa y a sus seis hijos, uno de ellos muerto en la guerra civil, de 1936-39. Cursaría los estudios primarios en su pueblo natal, y los de Bachillerato, en el Instituto General Técnico de Cáceres, cuyo expediente académico fue “más bien brillante, aunque con algún lunar”, según el autor de su antología poética, el citado docente de Lengua y Literatura, García Camino. Estudios que proseguirá en Salamanca, cursando la carrera de Derecho.

Finalizados sus estudios universitarios, en 1928, se establecía en Cáceres, como pasante en el bufete de abogado de Tomás Murillo Iglesias, y, posteriormente, como abogado, en dicha ciudad y en Garrovillas, donde se une en matrimonio con Josefa Marcos Breña, con la que tuvo tres hijos.

Cerrado el paréntesis de la guerra, en la que toma parte como Alférez Provisional, ganará por oposición una plaza del Cuerpo de Oficiales de Prisiones, en el que llegaría a desempeñar el cargo de director de la Prisión de Cáceres, y luego de la de Salamanca. En Alcalá de Henares, terminaría su vida profesional, coronada con la jefatura de Personal de Prisiones, en el ministerio de Justicia. Simultáneamente, no dejó de tener otras ocupaciones, como la de magistrado interino de Trabajo y ser Vicepresidente de Ordenación Social y Económica, de la otrora Organización Sindical, magistrado de la Audiencia Provincial y Primer Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Cáceres.

Pero hay un capítulo que no se nos puede olvidar, dentro del mundo de la literatura a la que se entregó con pasión, como fue el haber sido cofundador de la revista “Alcántara”, junto a los escritores de la tierra, Tomás Martín Gil, Jesús Delgado Valhondo y José Canal; lo que, por otra parte, es preciso decir que constituyó un gran aliento literario para una ciudad largo tiempo acostada, en un conservadurismo sociocultural de muchos años.

En la producción literaria de nuestro poeta, es preciso señalar dos grandes bloques: el de su creación poética y sus trabajos en prosa. De él escribió el mencionado Dr. Senabre: “Fue un buen poeta, al que sólo le faltó-creo- una dedicación más continua y tenaz al menester lírico”. De todos modos, continúa significando que si el lector lee sus versos, se ha de encontrar con un “gozoso festín estético”. Por su parte García Camino afirmará que se trata de “un distinguido poeta local, con notables aciertos, a veces”.

A la luz del estudio crítico de tal antología, se ha de añadir que los poemas, de léxico sencillo y no ayuno de arcaísmos y algún cultismo (casi todos ellos de versos octosílabos, bajo forma romanceada, y con resonancias de fresco aroma y grato sabor popular) responden, en general, a la inquietud religiosa, a la familia, y a la “exaltación de su ciudad natal”; aunque son más trabajados los de carácter religioso y los que tienen que ver con el “sentido o la idea de la muerte”.

Al mismo tiempo se pueden rastrear en su obra ciertas incursiones al capítulo social, más una particular dedicación al villancico navideño, seguida del tema amoroso, del que se han destacado su “Canción infantil” y “Romancillo de la noche de San Juan”. Constituyen un capítulo aparte sus inspiradas felicitaciones de Navidad que dedica a los amigos y conocidos, las cuales, bajo el título de Nabidales, eran peculiares “christmas”, que llegarían a alcanzar una cierta popularidad.

No dudó en tocar, igualmente, el mundo de la prosa, con numerosos artículos, en la prensa local y regional, más una sola novela: Un niño en la ventana, de hondo e inequívoco dramatismo. Hubo de colaborar, igualmente, en los diarios nacionales, “Pueblo”- ya fenecido- y “ABC” , sobre los más diferentes aspectos. Sin dejar alternar tales temas junto a los referidos al folklore regional y a los hábitos y costumbres cacereñas.

La crítica de arte, finalmente, también la publicaría, con cierta asiduidad, especialmente en la prensa local, tras visionar las numerosas exposiciones “colgadas” en las diversas salas de arte de Cáceres. Así mismo, muchos lo han considerado como un excelente orador, de voz personalísima, de abundante léxico y palabra fácil.

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