Desde el punto de vista cronológico hoy le tocaría el turno al dr. don Pedro Segura Sáenz, quien llegaría ocupar la silla del Arzobispado Primado de Toledo y la arzobispal de Sevilla; pero ya su biografía ha quedado sucintamente señalada en uno de los trabajos anteriores, y recientes,publicados en mi blog, y en la prensa local: “Pedro Segura Sáenz. Obispo de Coria”( 1920-1927), por lo que pasamos a ocuparnos del Prelado que ocupa la cabecera presente.
Un nuevo Obispo más de esta diócesis (creada, según referencias no definitivas históricamente, por San Silvestre, en 338 (s. IV), siendo su primer Obispo San Evasio, y en tiempos del emperador Constantino; pero otra referencia, ya solvente cronológicamente, la data en 589 (s. VI), estando al frente el Obispo Jacinto, según las Actas del III Concilio de Toledo), le va a dar mucho brillo y solidez eclesial, aunque por un espacio de tiempo más bien corto, pues no llegaría a siete años, como su predecesor, Segura Sáenz.
Pero ya que citamos a este Prelado no estaría de más que traigamos, de antemano, a estas líneas las notas diferenciales que los personalizaron de manera muy concreta, dando a cada uno sus valores específicos, según la pluma del ilustre escritor e historiador, cacereño, don Miguel Muñoz de San Pedro, conde de Canilleros, en su interesante libro: La ciudad de Cáceres. Estampa de medio siglo de pequeña historia( fechado en Cáceres en 1951):
“El nuevo Obispo-escribe-era bien diferente del anterior, del infatigable Cardenal Segura. No había entre ambos más punto de contacto que la virtud. Al igual que don Pedro Segura, don Dionisio era un santo; pero en aquél la santidad se desbordaba en torrente impetuoso, mientras en éste se convertía en quieto y oculto arroyuelo. Aquél era dinámico y predicador; éste encogido y silencioso; aquél estaba hecho para encauzar multitudes hacia a Cristo; éste para aconsejar almas en la quietud del confesionario. Y lo curioso es que, físicamente, tenían bastante parecido”.
No tendrá duda el lector de la drástica diferencia que acaba de señalar dicho autor entre ambos obispos caurienses. Uno, torrencial y desbordante en sus abundantes manifestaciones, otro “encogido” y silencioso; el primero, extrovertido y con una proyección pastoral enorme, y el segundo introvertido, más inclinado para la vida interior, el consejo y la palabra conversacional con sus diocesanos.
Por otra parte, no acaban aquí las opiniones sobre el Dr. Moreno Barrios -quien tiene una calle dedicada en Coria-, ya que su sicologíavolvía a quedar reflejada en este breve oportuno comentario de un diario de prensa de la época, y que, dicho sea de paso, es muy similar al anterior.
“El Prelado atrae por su sencillez y modestia. Este bondadoso Obispo estaba destinado por Dios para cumplir perfectamente su cometido en los momentos difíciles de persecuciones: para desposeerse de todos sus bienes y beneficios de la fe y los menesterosos; para morir pobrísimo, en voluntaria miseria, dejando fama de casi mártir…”
Pero, para ser rigurosos en nuestra aproximación a dicho Prelado, agregamos este apéndice a lo ya comentado, pues se ha de señalar que la altura intelectual del Obispo Moreno Barrios, no le iba a la zaga a la de Segura, pues su carrera sacerdotal estaba adornada con los mismos títulos universitarios que éste, a saber: Tres doctorados, en Teología, Filosofía y Derecho Canónico.
Realizaría sus estudios en la Universidad de Comillas, durante los años 1892 y 1907, siendo ordenado presbítero el 28 de mayo de 1904.Había nacido en la localidad de Barriuso de Valdivia (Palencia), el 7 de octubre de 1879.
Dicho Obispo (que sucedía al Dr. Segura Sáenz, por ir éste de arzobispo a Burgos), y nombrado Obispo el 2 de diciembre de 1928, tomó posesión de su cargo en la diócesis cauriense, el 25 de marzo de dicho año, tras de ser consagrado Obispo en Comillas, el anterior 10 de marzo.Entraba así, en estas tierras, en las postrimerías de la dictadura del general Primo de Rivera, y finalizaría su pontificado en diciembre de 1934, en plena II República, falleciendo en Cáceres, el 10 de siembre de 1934.
Antes de morir diría a su hermano, don Luciano Moreno, director de un Colegio de Escolapios, que escribiera para su epitafio estas sencillas palabras, encima de la losa sepulcral: “Dionisius episcopus cauriensis, obit die…Hic espectat resurrectionem nostrum judicium” (Dionisio, obispo cauriense, murió el día….. Aquí espera la resurrección de los muertos). Su muerte fue muy sentida por el pueblo, acompañando al cadáver una comisión del Cabildo y otra del Ayuntamiento de Cáceres, presidida por el Alcalde, a la sazón, el Sr. Vega, político muy conocido, y el párroco de la ciudad.
Regresando al proceso histórico de nuestra crónica, diremos que la prensa de aquellos días, nos dice que su llegada a Cáceres causó un gran impacto, especialmente, en la parroquia de Santiago, pues su entonces párroco, don Feliciano Rocha, nombrado en su día Obispo Auxiliar deCardenal Segura, en Toledo, pasados los años, sería trasladado para ocupar la silla episcopal de Plasencia.
Será, concretamente, el día 13 de abril de 1928, cuando entra en Cáceres, con un solemne Tedeum en la iglesia, hoy concatedral de Santa María, de bella y armónica estructura gótica, aunque de menor categoría arquitectónica que la catedral de Coria. Momentos después, sería recibido por el Excmo. Ayuntamiento de la capital, siendo alcalde don Arturo Aranguren Mitsuf.
Fue recibido, en el Paseo de Cánovas, de citada capital, y dícho día, a las 7,30 de la tarde, por las autoridades y pueblo, junto al arco que alzara en su honor el Municipio. Y esto, a pesar de estar en plena República, con grandes manifestaciones laicistas, a escala nacional, la ciudad le dedicó una “manifestación sincera y valiente, de auténtico dolor y de exaltado catolicismo”.
Entre sus actividades de mayor relieve realizadas, hay que reseñar, sobre todo, las campañas que organizó de profunda renovación moralizante, en toda la diócesis, celosa de sus hábitos tradicionales y con un cierto tufillo de corte fundamentalista. Por ello se proclamaba que tal situación ofrecía a los ojos masculinos una buena oportunidad para sus “miradas lascivas”. Era la respuesta a lo que, por entonces, se publicaba en la prensa local, lo que, al tiempo, supondría un “buen zarpullido de integrismo; esto referido de manera muy especial, a los trajes de baños en las playas de verano.
De todos modos, al Obispo Moreno Barrios le tocarían tiempos muy difíciles, ya que discurría una época de contradicciones y duras críticassociales, pues corrían tiempos, se ha dicho, de “incertidumbre y espera”, no faltando los conflictos estudiantiles y abundantes huelgas, paro obrero y malestar popular.
Pero, a pesar de todo, su labor pastoral no estuvo desprovista de aciertos y logros, ya que siempre sería alabada por todos sus diocesanos, siendo muy respetado por todos sus diocesano al ver en él un Prelado de acreditada santidad.
En 1928, tuvo lugar la segunda visita del rey Alfonso XII a la comarca de las Hurdes, (con sólo 19 años fue la primera, y ésta ya con 42),a quien le acompañó el Obispo Moreno Barrios, siendo su anfitrión en su palacio de la localidad de Lagunilla (Salamanca), visitando el asilo de anciano, de las Hurdes, estando luego en Ríomalo de Abajo, Nuñomoral, Caminomorisco, Pinofranqueado y Cambroncino
Estos son los mimbres con los que hemos podido ahormar los pasos de su pastoral apostólica, por la diócesis cauriense, el que fuera, según definición de otro autor: “varón prudentísimo y culto.