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'Antígona' de Ullate cumple expectativas con un ballet colorido y con acento árabe

Una obra donde no hay texto pero, muy bien construida para que el público entienda la tragedia griega de Sófocles a través del movimiento

20 julio 2019

Víctor Ullate estrenó con éxito su 'Antígona' en Mérida y el público aprobó con nota el ballet colorido, muy visual y acompañado de música con reminiscencias árabes que el bailarín y coreógrafo ha creado para el Teatro Romano.

La historia de Antígona tantas veces representada en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida se cuenta sin palabras en esta obra que refleja la enorme belleza de la danza y desvela el gran trabajo que hay detrás del propio espectáculo.

Movimientos sutiles, elegantes y sensuales más propios del ballet clásico conviven en esta obra con gestos de dolor y rabia, aspavientos y giros de cadera para manifestar todo los estados de la tragedia griega tan bien construida en este montaje con el que Ullate ha anunciado que despide su carrera.

Varios minutos de ovación y aplausos, con el público en pie, despidieron la primera de las funciones de Antígona en esta 65 edición del Festival de Mérida.

Para esta versión de la obra de Sófocles, que Ullate firma junto a Eduardo Lao, se ha optado por un escenario sobrio, con un decorado que solo se compone de decenas de bidones de petróleo. Es la escenografía diseñada por Curt Allen Wilmer para que los bailarines ocupen todo un escenario prácticamente despejado. Allí se desarrolla la trama con la participación de todos los personajes del mito.

Lucía Lácarra es Antígona, la hija de Edipo (Cristian Oliveri) que entierra a su hermano Polinices (Alejandro Bretones) como cree que merece, convencida de que hace lo correcto aún contradiciendo la ley.

Sus dos hermanos se mataron en la batalla por la ciudad de Tebas y por orden del rey Creonte, a quien da vida Mariano Cardano, el asaltante Polinices debía ser arrojado a las aves que van en busca de comida.

En este montaje, Josué Ullate es Hemón, Keilo Oishi es Euridice, Dorian Acosta es Tiresias, Martina Chávez tiene el papel de Yocasta, y Elena Diéguez interpreta a Ismene, 

El espectáculo arranca con la escena en la que Edipo se saca los ojos al enterarse de que su esposa era su madre. Desde el comienzo hasta el final pues, la obra concluye con una Antígona ahorcada a un lado del escenario, es toda una tragedia en la que encarna el conflicto entre la conciencia y la obediencia.

La lucha entre Eteocles y Polinices, el suicidio de Hemón por la muerte de su amada, y cómo Eurídices se quita también la vida tras hacerlo su hijo, son otras de las escenas más intensas que se representan con este ballet.

Todo ello perfectamente acompañado por la música. Lisa Gerrard pone la voz a las melodías con acento árabe que copan gran parte del repertorio, pues también se percibe cierta influencia oriental en algunas composiciones y hay lugar para la música clásica.

Asimismo, hay temas contemporáneos con sonidos metalizados y ritmos más intensos para las escenas de lucha y conflicto. En todo caso, la parte musical de la obra es un acierto para contextualizar las emociones de los personajes, encarnados por unos bailarines que expresan el dolor de la tragedia pero también el amor, con abrazos, miradas y gestos de compasión.

La fuerza, la garra y el tesón de Antígona se muestra con el baile y en su rostro, con semblante serio, desafiante a veces, y bailando en posición adelantada con respecto a los demás personajes.

Al colorido de este ballet contribuye el vestuario de Iñaki Cobos, que evoca la antigua Grecia en armonía con las estatuas del frente escénico presidido por la diosa Ceres.

Trajes de reyes y reinas de la época, junto a indumentaria de guerra para las escenas de batalla, pueden verse en esta obra en la que también es importante el diseño de luces de Luis Perdiguero, que incluye proyecciones sobre el suelo del escenario para dibujar estrellas, un enorme rosetón o convertir la escena en un tablero de damas.

De esta forma, Ullate consigue transmitir al público con la música, los movimientos y una iluminación que también enriquece la historia que se cuenta. Cada paso quiere decir algo en este primer ballet que se hace de Antígona.

El coro tiene también un papel fundamental como pueblo de Tebas y como ejército de la ciudad y es clave para contextualizar las escenas. Sus coreografías inundan el escenario, hacen más visual la obra y ayudan a la comprensión del espectador.

A lo largo del espectáculo, el público aplaudió las escenas más emocionales, entre ellas, una actuación en solitario de Josué Ullate cuando interpreta la trágica escena de Hemón lamentando el destino que le espera a su amada.

Al igual que Lucía Lácarra estuvo a la altura de lo que se esperaba de ella como gran bailarina internacional, también el hijo de Víctor Ullate estuvo perfecto en su interpretación, y brilló también la japonesa Keilo Oishi en el papel de Eurídice.

Con todo esto, los espectadores del Teatro Romano, que casi llenaron el graderio, disfrutaron de una hora y media de función pero, subrayar que, 'Antígona' ofrecerá otras dos funciones en el Festival de Mérida, este sábado y el domingo.

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