Fue lo que pagó mi tocayo Diego López de Stúñiga, en el año 1382, por el Castillo de Capilla. Esta cantidad era una verdadera fortuna en la época, suficiente para pagar un todo ejército y montarle una pequeña guerra a alguien. Pero el tal Diego, camarero del Rey Juan I de Castilla prefirió gastárselos en comprar un castillo perdido más allá de los extremos del Duero en lugar de regalarle a su jefe una operación militar contra Pedro IV de Aragón que, dicho sea de paso, era suegro de Juan I. Sí, un poco lioso, un verdadero culebrón...
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