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Rodríguez-Arias, Capitan General y Gobernador en Cuba

27 junio 2019

Rodríguez-Arias, Capitan General y Gobernador en Cuba

“Rodríguez-Arias renunció a ser Ministro de la Guerra en el Gabinete de la Reina Regente, María Cristina de Habsburgo-Lorena, por su vocación de servicio militar y no política”.

Dentro del panorama de destacados militares españoles figura Alejandro Rodríguez-Arias y Rodulfo, (Ceclavín, 1838-La Habana, 1893), que alcanzó el grado de Capitán General y Gobernador de Cuba.

Rodríguez-Arias, que ingresó en 1853 como Cadete de la Escuela de Artillería de Segovia, se entregó intensamente al estudio, formación y preparación en la carrera militar. Desde su inicios como teniente en Madrid, en 1857, hasta su fallecimiento en 1893, tras alcanzar el grado de Capitán General y de Gobernador de Cuba, cuando la isla registraba numerosos movimientos de insurrectos y luchadores independentistas, transcurre toda su vida de máxima esfuerzo, lucha e inquietud.

El mismo gozó de manifiesto prestigio en los ámbitos militares de España y Cuba, donde ejerció la mayor parte de su trayectoria. Lo que fue posible en base a sus cualidades y esmero, su disposición y capacidad para la prestación de los servicios militares en los más variados campos, con decisión, inteligencia, sentido de la estrategia, iniciativa, superación de objetivos, valentía y determinación para los cometidos en los numerosos cargos que ocupó en del Ejército español.

La trayectoria de Rodríguez-Arias se diseña como una manifestación de actuaciones presididas por el tesón, la fuerza de sus operaciones y acciones militares, forjando un manifiesto espíritu de superación.

Un recorrido basado en la disciplina y cumplimientos de los valores del ejército español, asentándose en el coraje, la determinación, el riesgo, la lucha, el combate, la persecución de partidas de bandidos, guerrilleros y filibusteros, la firmeza para abordar las vicisitudes a las que tenía que hacer frente, consciente que se jugaba la vida por la cantidad de acciones en las que la arriesgó, por su sentido moral del deber, albergando en su pecho numerosas heridas de guerra.

Como capitán en Santo Domingo en los combates de Hojas Anchas y la toma de Santiago de los Caballeros,lográndose la anexión de la isla a España, su participación como comandante en los frentes cubanos de Gondillo, Malla Huayaba y del paso del Monte Fundación, su mando al frente del Ejército de Operaciones en Cuba y de la Columna Volante de Santa Clara y Cienfuegos, enfrentándose a insurrectos y bandidos, y destacando su participación en combates como Palma Soriano y Guarinao.

Una carrera, la de Rodríguez-Arias que en 1872, como Jefe del Regimiento de Infantería de la Corona, número 3, participa en frentes como los de Pinalito y Brazo Mato, y, posteriormente, tomar el mando de la Columna de Ingenieros, con combates en Arroyo Jaguello y en la Valúa de Banes.

Luego, como Jefe de la zona del Cobre, con el Batallón de Cazadores de Alcántara y los Tercios de Cañizal, destacan sus acciones en Palma Soriano, Aguacate, Tempu y Romanganaguas, derrotando a numerosas partidas.

Nombrado Comandante General de la Brigada de las Villas Occidentales, en las jurisdicciones de Sagua, Cienfuegos, Santa Clara y Trinidad, asciende a Brigadier en 1874, con tan solo 36 años, para ser, luego, Jefe de Operaciones de la Zona Militar de Sagua de Panamos, batiendo al enemigo en la acción de las Cuchillas de Palma Soriano.

Durante la III Guerra Carlista manda una brigada en el Norte y Cataluña, enfrentándose a las fuerzas carlistas, y defendiendo heroicamente Montejurra y Estella, para dirigir después la II Brigada de la I División del 2º Ejército en Cataluña.

Tras pasar a Cuba como Comandante General de Trocha, en 1877 es nombrado Mariscal de Campo y en 1878 Teniente General.

Su carrera, a un ritmo admirable, cuenta sus acciones por victorias. Ante ello el Gobierno le nombra Capitán General de Cádiz, Andalucía, Castilla-La Nueva y Subsecretario del Ministerio de la Guerra, con muy amplias responsabilidades.

Inclusive la Reina Regente María Cristina de Habsburgo Lorena le ofreció el Ministerio de la Guerra. PeroRodríguez-Arias lo rechaza siendo nombrado Capitán General y Gobernador de Cuba en un momento muy comprometido porque los guerrilleros ya estaban preparando, desde diversos frentes, el levantamiento que llevaría a la Guerra de la Independencia.

Rodríguez-Arias, colaboró estrechamente con Antonio Maura, Ministro de Ultramar, tratando de frenar los ataques que se llevaban a cabo contra España enfrentándose a peligrosas maniobras que amenazaban la presencia española, con José Martí al frente, aunando a los líderes mambises, que se levantaban el 24 de febrero de 1895 bajo la denominación de “El Grito de Baire”, inicio de la Guerra de Cuba.

Ante la gravedad de la situación Rodríguez-Arias procuró los más serios esfuerzos para reconducir tan delicados conflictos y conseguir mayores logros y reformas en la isla, tendiendo puentes de entendimiento a todas las fuerzas e imponiéndose a aguerridos independentistas, como la captura del líder Agüero.

Tras los sucesos de Purnio, declaró el estado de guerra en Santiago de Cuba el 28 de abril de 1893. Dos meses después, con 55 años, Alejandro Rodríguez-Arias moría víctima de unas fiebres tifoideas. Tras su fallecimiento Maura le distinguiría como “patriota esclarecido”.

En su guerrera destacaron la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, la Gran Cruz de la Orden de San Hermenegildo, la Encomienda y Placa de la Orden de Carlos III, y la Gran Cruz de la Corona de Hierro del Imperio Austriaco, concedida a propuesta de la Reina María Cristina.

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