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PINCELADAS DE LA CALLE BARRIO NUEVO

10 mayo 2017

PINCELADAS DE LA CALLE BARRIO NUEVO

“La calle Barrionuevo se conforma como una rúa de señalado relieve en Cáceres, con insignes vecinos y edificios”

La calle Barrio Nuevo, que da sus primeros pasos en el siglo XV, se configura como una de las más emblemáticas de Cáceres.


Una calle en la que, en su día, allá por el correr del año 1903 se ponían en marcha las instalaciones del periódico "
El Noticiero", que dirigiera largo tiempo Manuel Castillo Quijada, director, a su vez, del Instituto General y Técnico, y en cuya época ya estaba situada en la misma la primera capilla evangélica de la capital cacereña, la congregación de carácter protestante más antigua de la comunidad.

Por aquella época ya tenía sus puertas abiertas el marmolista Feliciano Pedro de Oliveira, que construía mausoleos, panteones y lápidas. Y un año más tarde, en 1904, se encontraba instalada la Fonda Madrileña, de Timoteo Yuste, antes de María Pérez, y "sita en la calle más espaciosa y sana de la población", lo mismo que aparecían academias como la de Obes-Núñez, imprentas como La Elzeveriana, carboneras, corredurías de seguros, como “La Polar”, o el despacho de Juan Pérez que figuraba como “Comisionado principal en Extremadura de la Compañía Española de Seguros contra Incendios”. También aparecía en la calle Barrionuevo “La Estrella”, Sociedad Anónima de Seguros, "La Catalana”, contra incendios, o "La New York", de vida.

Año arriba o año abajo en la cacereña rúa de Barrionuevo se afincaba Federico Reaño García, (1879-1927), Jefe de la Caja de Reclutas, que también dirigió la Escuela Militar, sita, curiosamente, en la misma calle. Federico Reaño fue subdirector de la Caja Extremeña de Previsión Social, dirigió "Extremadura Literaria" colaboró en diversas publicaciones y nos dejó obras como "De la tierra extremeña", “Amor burlón”, "Cuentos extremeños", “Teresina”... El mismo se encontraba en posesión de la Cruz de la Real Orden de San Hermenegildo.

También vivió en aquella calle Juan Luis Cordero (1882-1955), toda una vida difícil pero intensa. Juan Luis Cordero fue aperador de carros, peón caminero, secretario municipal. Al tiempo, un poeta de hondas raíces, un escritor de relieve, fundador de varios periódicos y revistas, como “La Carretera”, “Brisas Nuevas”, “Miau”, colaboró en numerosas publicaciones, dejó un legado con libros de poesía como “Eróticas” o “La musa del pecado”, con novelas como “La molinera”, “Clara luna”, “Cosas de la vida”, con ensayos como “Regionalismo. Problemas de la provincia de Cáceres”. Y se hizo, al tiempo con numerosos premios literarios. También fue masón y militaba en las filas regionalistas. El mismo cuenta con calle en Cáceres.

En 1908 sale, desde la redacción situada en la misma calle, la publicación "Zurratontainas". Y poco a poco la vida de la calle Barrio Nuevo se impregnaba de maestros, modistas, clínicas como la "Salgado", especialista en cirugía y enfermedades de la matriz, armeros y cerrajeros, como Felipe Parra, tenderos de diversa índole, que impregnaban de sabor vecinal a la calle.


Un día la corporación municipal cacereña decidió incrustar en la misma el rótulo de calle
José Canalejas, presidente del Consejo de Ministros entre 1910-1912, amigo íntimo de José Trujillo Lanuza, que fuera alcalde de la ciudad, senador y gobernador civil de Málaga.


En la calle
Canalejas se asentaban entre otros edificios administrativos el Gobierno Militar Consejo Provincial de Fomento, la Caja Extremeña de Previsión Social y la Recaudación de Contribuciones…


Allí vivió
Javier García Téllez, Javier, para que nos entendamos todos, que había venido al mundo en el año 1888, director de la Escuela Elemental de Trabajo, Medalla de Oro de la Exposición Iberoamericana, que hoy presta su nombre a un Instituto, en recuerdo a su impresionante obra fotográfica y de la que nos legó una señalada herencia para orgullo de la ciudad.

Unos pagos, aquellos de la calle Canalejas, en los que ya había buenas sastrerías, como la de Antonio Velasco Montero, o la de Pablo González Pérez, aunque esta se anunciaba como "Sastrería Cívico-Militar", lo mismo que allí se alzaba ese poder económico que representaba "Hijos de Clemente Sánchez, banqueros".


También aparecían representantes de Fábricas de Pimentón,
Miguel Monje impartía Aritmética, Algebra, Geometría, Trigonometría, Cálculos Mercantiles y Teneduría de Libros, nuestro querido don Andrés Merás, especialista en “garganta, nariz y oídos” y cirujano del Hospital Provincial, y allá por el año 1927 en el estanco ya se vendía, además, la prensa.

Avanzando en el tiempo, ya en 1936, se situaría en la calle Canalejas la Administración del diario "La Falange". Una calle que en fecha 27 de octubre de 1937, pasaría a denominarse José Antonio Primo de Rivera. Y en la calle estuvo, al tiempo, el Museo de la Falange.

Una calle en la que también vivió Andrés Burgos Capdevielle, (1907-2001), otro ilustre y popular fotógrafo cacereño.

Por allí correteó y se formó Valentín Javier (1921-2012) que se casó con Ana Mariscal, y juntos, el primero como director de fotografía y la segunda como directora y actriz, sacaron adelante en el año 1953, la película "Segundo López, aventurero urbano", con protagonismo cacereño, una novela del escritor Leocadio Mejía, también cacereño, y con la intervención estelar del constructor Severiano Población.

Por los años treinta ya peloteaba por la calle ese centrocampista del Club Deportivo Cacereño que fue Salvador Navarro, (1923-2003), que jugó en Segunda División en la única temporada que el equipo blanquiverde estuvo en dicha categoría.

Y por aquella andadura de la larga calle se escucharían a muchas horas los acordes musicales del trabajo, siempre incansable, excepcional siempre, del maestro Santiago Berzosa (Turégano, 1918-1892), director de la Banda Municipal de Música, que impartió clases en el Conservatorio, en la Escuela Normal, autor de numerosas composiciones, como “Voces Taurinas”, pasodoble, el bolero “Cállate, desconocida”, “Jesús, Jesús”, marcha de Semana Santa, “El Héroe: Castilla 16”, marcha militar”, y que hoy, da nombre al Conservatorio, junto a su hermano Santiago, otro músico de alto relieve.

Por la calle José Antonio empezaría su recorrido "Galerías Madrid", del jerezano Antonio Barrientos, (1918-2010), viviría el siempre querido amigo Juan Ramón Marchena, Jefe de Protocolo del Ayuntamiento con trece alcaldes, autor del libro “Cáceres en el pasado. Una historia en imágenes. 1867-1893”, Medalla de Plata de Cáceres, con calle, asimismo, en la ciudad.

También vivieron profesores de la talla de Martín Duque Fuentes, catedrático de Latín y director del Instituto “El Brocense”, Casimiro García García, doctor en Sagrada Teología, maestros de la talla de Licerio Granados, y había bares como "La Parra", de ese hostelero que fue Fulgencio Alía, de Monroy, con la exquisita cocina popular a cargo de su esposa, Guadalupe, hermana de Amador, el del bar en General Ezponda, que vivía en la misma calle.


Y la panadería propiedad de
Julia Paredes, la zapatería “La Amistad”, el ultramarinos de Telesforo Pérez, el tendero, por excelencia de la calle en los años 40, 50 y 60, la pastelería “El hueso dulce”, cuyo dueño sería posteriormente maestro pastelero del café Avenida, la papelería Mabel, con sus recortables infantiles de ejércitos, muñecas y soldaditos del Oeste americano…

Una calle de la que también forman parte en la dinámica vecinal los Pilongas, blanqueadores, o ese gran cacereño de nombre Ambrosio García Polo, un crítico taurino sagaz y conocedor de las difícil fenomenología del mundillo taurino, de gran prestigio entre los aficionados a la fiesta nacional.

Otra personalidad de relieve de la calle es César García González, incansable cacereñeador, que ocupara la Jefatura de la Policía Local y la dirección del Consorcio "Cáceres, Ciudad Histórica", autor de publicaciones como "Cosas del tío Zenón", "La leyenda de la conquista de Cáceres" o "La Plaza de Toros de Cáceres. Apuntes Históricos"...

Una calle que veía pasar los desfiles de las compañías militares del Regimiento hacia el centro de la ciudad, con una de las mejores Bandas de Música de Tambores y Cornetas de España, que hacían el regreso al cuartel por la calle Margallo, como por allí desfilaban los aficionados de la fiesta taurina, con botijo y abanico, cuyo bar atendía Angel Moreno Cruz, más conocido como Patete, con bar y comedor en la calle Moret, los grupos folklóricos de danzas hispanoamericanos, lusos y filipinos, para participar en los Festivales Folklóricos. Trasiegos ciudadanos todos ellos a cuyo paso los balcones aparecían repletos de vecinos. También transitaban por aquella calle hacia el Paseo Alto muchos cacereños para respirar aire puro, con sabor de eucalipto, como recomendaban algunos galenos.

Igualmente, claro, el gentío de quintos y acompañantes en los sorteos del destino del servicio militar, mientras se escuchaban aquellas coplillas como:

A mí me ha tocado el uno

y a mi compañero el dos,

qué suerte más desgraciada

hemos tenido los dos.

O:

Ya se van los quintos, madre,

ya se va mi corazón,

ya se van los que tiraban

chinitas en mi balcón.

O:

Los quintos cuando se van

se dicen unos a otros:

Mi novia me espera a mí

hasta que le salga otro…

Una calle que mereció que el profesor Enrique Cerrillo Martín de Cáceres le dedicara el libro "Un ensayo de arqueología urbana. Las fachadas de la calle Barrionuevo de Cáceres (1859-1920)". Y en donde sobresalen, entre otras, la Casa Guevara y la que se construyó don Eloy Sánchez. 

Un día, ya, por fin, se hizo justicia. Y la calle Barrionuevo recuperó el sabor histórico y popular de calle Barrio Nuevo.


NOTA: En la fotografía el escritor y militar
Federico Reaño, en 1912.

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