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UN PRECURSOR DEL ROMANTICISMO, JEFE POLÍTICO DE CACERES... EN 1839

29 febrero 2016

Nicomedes-Pastor Díaz Corbelle fue un precursor del romanticismo y Jefe Político de Cáceres que alcanzaría el Ministerio de Gracia y Justicia.

Nicomedes Pastor, romanticismo, Nicomedes-Pastor Díaz Corbelle, (Vivero 1811-Madrid, 1863), que sería Ministro de Instrucción, Comercio y Obras Públicas y, también, Ministro de Gracia y Justicia, tiene una señalada vinculación en y con la provincia de Cáceres, de donde fue Oficial del Ministerio de la Gobernación en 1835, Jefe Político --el equivalente a Gobernador Civil-- en 1839, tras la creación de las Subdelegaciones de Fomento, diputado por Cáceres, y, posteriormente, diputado por Navalmoral de la Mata, cuando los mismos se elegían por partidos judiciales.

Licenciado en Leyes por la Universidad de Alcalá de Henares, fue formándose en la doctrina de la sensibilidad política liberal-conservadora y monárquica, estableciendo, desde muy joven, una amplia red de contactos, tanto literarios, por su afición a las tertulias de la actualidad y a la poesía, como políticos, que consideraba uno de los elementos y ejes vitales de la sociedad.

De este modo y muy joven, con tan solo 24 años llega a desempeñar su primera responsabilidad en Cáceres, gracias a la mediación del General Manuel de Latre, al ser designado Oficial del Ministerio de la Gobernación. Una tarea y un reto en los que se compromete firmemente desde su llegada.

Defensor acérrimo de la Constitución establecida en el año 1837, que fue promovida por Salustiano Olózaga, opositor a un nuevo período constituyente, apostando firmemente por la defensa de los intereses colectivos por encima de los intereses de partidos, como, más tarde, defendería la de 1845, de sus funciones en Cáceres pasa a ser nombrado Jefe Político de Segovia en tiempos de un severo confusionismo y beligerancia política, por las guerras carlistas. Ya había alcanzado, pues, un cargo repleto de la mayor autoridad.

Su actitud de firmeza, de temple, de decisión y de consideraciones en un momento tan delicado le llevan a ser nombrado en 1839 Jefe Político de Cáceres, cuando ya estaba cerca el final de la Primera Guerra Carlista, (1) y cuando se aunaron las responsabilidades de los Jefes Políticos y de los intendentes. Y fue, precisamente en Cáceres, donde Nicomedes Pastor Díaz redacta un famoso Manifiesto que tendría una gran influencia en el movimiento y en la dinámica de la política liberal y que, a partir de su publicación, en la Imprenta cacereña de Lucas de Burgos, le imprimiría muy altos vuelos al mismo en la muy difícil y compleja encrucijada en que se encontraba España en aquellos más que convulsos tiempos.

Manifiesto de apoyo a la Constitución y una publicación dedicada a los ciudadanos cacereños subrayando una serie de principios y pautas de conducta en los que siempre se movió, siendo uno de los más decididos impulsores del movimiento liberal en España. Un Manifiesto que, según determinados historiadores, está calificado de "obra modélica como exposición de los principios del régimen liberal y participativo pero que fracasó como esquema de Gobierno". Si bien hay otros historiadores que cuestionan dicho Manifiesto.

Posteriormente Nicomedes Pastor Díaz, tras dejar la Jefatura Política de la Provincia de Cáceres, pasa a ser elegido Diputado en las Cortes por Cáceres en las elecciones de 1844-1845. Y, curiosamente, al ser designado congresista también ocupa el puesto de Secretario General en el Banco de Isabel II.

Más tarde, teniendo en consideración la eficacia de su trabajo político, alcanza un escaño en el Congreso de los Diputados por Navalmoral de la Mata, en una etapa que los diputados se elegían por partidos judiciales.

Todo un proceso de lucha constante de sus ideales, con la mayor firmeza y consistencia, defendiendo la necesidad del avance del liberalismo hacia lo social, como uno de los principales camino de su obra, llegando a apostar con todas sus fuerzas, durante el tiempo de regencia de María Cristina, por una vía intermedia entre los liberales progresistas y los liberales moderados, que acabó en la escisión y con un grupo, en el que militaba Nicomedes Pastor Díaz, que fue denominado como Los Puritanos

No obstante persistió en sus ideas, de la máxima sensibilidad liberal, en una clara apuesta por el mejor servicio a la causa común de la ciudadanía, lo que le llevó a alcanzar el Ministerio de Comercio, Instrucción y Obras Públicas, bajo la presidencia del Gobierno por parte de Francisco Pacheco, amigo suyo, desde el que imprimió una lucha sobre todo por los derechos de las aguas y contra la corrupción y el fraude, que le imprimieron un gran crédito político.

Tal fue su propia capacidad de entrega y trabajo a las dinámicas del movimiento liberal-conservador, un auténtico liberal, en el sentido más profundo y claro de la palabra y de la propia concepción de la ideología, que llegó a ser nombrado Ministro de Gracia y Justicia bajo la presidencia de Leopoldo O´Donnell al frente del Gobierno, con Unión Liberal. Un partido que está considerado como partido de centro político en el ámbito de la historia contemporánea de España. Y un partido, por otra parte, que, al llegar al Gobierno logró generar y posibilitar un período de estabilidad y, al mismo tiempo, de desarrollo de carácter económico al régimen de la Reina Isabel.

Es de señalar, asimismo, que Nicomedes Pastor Díaz, persona de profundas convicciones religiosas y morales, trataba de llevar al campo de la política su capacidad de reflexión ética dejando constancia firme y clara desde el principio que la proyección de sus planteamientos trataba de evitar y esquivar lo que otros conocen como deriva partidista.

Quizás, por ello, su pensamiento y también sus ideales pudieran haber ido teniendo un camino paralelo al de su reflexión religiosa. De tal modo es así esta última que el prestigioso poeta  Juan Valera señalaba que Nicomedes Pastor Díaz rezaba todos los días el Breviario, también le  acompañaban en la mesilla de noche La Biblia y La Divina Comedia.

También fue un cualificado orador y fundador de los periódicos "El Heraldo" y "El Sol", desde cuyas tribunas se mostró claramente partidario de Isabel II, y muy contrario a las políticas del poderoso general Baldomero Espartero, lo que hizo desde las páginas de la revista "El Conservador", que aparece en 1841, mientras se consolidaba su predicamento entre los monárquicos, hasta que en 1843 lograron abatir la figura del general progresista mediante el pronunciamiento militar de Narváez y un movimiento popular. Lo que no obsta para dejar constancia de que Pastor Díaz, guiado por la moderación, mostrara su oposición a la política de Narváez, siguiera defendiendo la Constitución como marco de convivencia social y, más claramente, como entendimiento desde las rivalidades de moderados y progresistas.

También llegó a ser Magistrado en la Audiencia de Valladolid, miembro de la Real Academia de la Lengua, de la Ciencias Morales y Políticas, Rector de la Universidad de Madrid, embajador de España en Italia y Lisboa y senador vitalicio.

Durante toda su vida trató de combinar las artes de la escritura y de la poesía con la severidad de aquel tiempo político tan complejo y delicado que le tocó vivir. Pero la gigantesca figura de Nicomedes Pastor Díaz le hacía buscar y encontrar tiempo para llevar a cabo todos sus proyectos y todas inspiraciones, todos sus estudios y todas sus reflexiones.

Fruto de tan ingente dedicación, como escritor y poeta, destacó en el terreno romántico, hasta el extremo de que Nicomedes Pastor Díaz, ex Jefe Político de Cáceres y diputado por la misma, está considerado por los tratadistas como una de las figuras precursoras del romanticismo y precursor, a la vez, de Gustavo Adolfo Bécquer. Juan Valera, por su parte, llega a señalar que Nicomedes Pastor Díaz "es el más romántico de todos nuestros modernos poetas".

Un autor que dejó un extraordinario legado como  "Poesías", algunas de ellas cuajadas de dolor, como "Mariposas Negras", otras de corte filosófico y de nostalgias de la tierra gallega, otros con carga de misticismo y de melancolía, y otras de reflexión sobre su soledad. No olvidemos que, en su momento, declara que la poesía debe tener una función social y ser expresión del alma del poeta

También cultivó la novela con obras como "Una cita" y "De Villahermosa a la China. Coloquios de la vida íntima", así como una serie de biografías, "Galería de españoles célebres y contemporáneos", con retratos de una serie de personajes españoles de variadas ramas. Como son la política, las artes, las ciencias,  la poesía, las armas.

Otras destacadas obras suyas son, por ejemplo, "Condiciones del Gobierno Constitucional en España. Palabras de un diputado conservador sobre las principales cuestiones de nuestra situación política", "Compendio Histórico-Crítico de la Jurisprudencia Romana" y "A la Corte y a los Partidos" entre otros.

Fue, al tiempo, amigo de Donoso Cortés, de Espronceda, de Larra y, sobre todo, de José Zorrilla, hasta el extremo de que fue prologuista de la primera edición de "Don Juan Tenorio". Nicomedes-Pastor Díaz está considerado el paradigma del romanticismo y uno de los más puros representantes de la poesía romántica.

También es de destacar en este estudio, como un hecho de relieve, que, a pesar de los cargos que ocupó, su madre y sus hermanas necesitaron de una pensión para su subsistencia tras el fallecimiento del mismo.

Nicomedes-Pastor Díaz, uno de cuyos retratos se encuentra en el Salón de los Pasos Perdidos, en el Congreso de los Diputados, y que fue calificado por Antonio Cánovas del Castillo como uno de los analistas políticos más relevantes del siglo XIX español, recibió las condecoraciones de Carlos III, la de San Genaro, de Nápoles,  la de Cristo, de Portugal, la de San José, de Parma, la de San Mauricio y la de San Lázaro, de Cerdeña.

Aquí dejo uno de sus poemas más relevantes.

A LA LUNA

Desde el primer latido de mi pecho,
Condenado al amor y a la tristeza,
Ni un eco a mi gemir, ni a la belleza
Un suspiro alcancé:
Halló por fin mi fúnebre despecho
Inmenso objeto a mi ilusión amante;
Y de la luna el célico semblante,
Y el triste mar amé.

El mar quedóse allá por su ribera;
Sus olas no treparon las montañas;
Nunca llega a estas márgenes extrañas
Su solemne mugir.
Tú empero que mi amor sigues doquiera,
Cándida luna, en tu amoroso vuelo,
Tú eres la misma que miré en el cielo
De mi patria lucir.

Tú sola mi beldad, sola mi amante,
Única antorcha que mis pasos guía,
Tú sola enciendes en el alma fría
Una sombra de amor.
Sólo el blando lucir de tu semblante
Mis ya cansados párpados resisten;
Sólo tus formas inconstantes visten
Bello, grato color.

Ora cubra cargada, rubicunda
Nube de fuego tu ardorosa frente;
Ora cándida, pura, refulgente,
Deslumbre tu mirar;
Ora sumida en soledad profunda
Te mire el cielo desmayada y yerta,
Como el semblante de una virgen muerta
¡Ah!. .. que yo vi expirar.

La he visto ¡ay, Dios! . . . Al sueño en que reposa
Yo le cerré los anublados ojos;
Yo tendí sus angélicos despojos
Sobre el negro ataúd.
Yo solo oré sobre la yerta losa
Donde no corre ya lágrima alguna . . .
Báñala al menos tú, pálida luna...
¡Báñala con tu luz!

Tú lo harás... que a los tristes acompañas,
Y al pensador y al infeliz visitas;
Con la inocencia o con la muerte habitas:
El mundo huye de ti.
Antorcha de alegría en las cabañas,
Lámpara solitaria en las rüinas,
El salón del magnate no iluminas,
¡Pero su tumba ... sí!

Cargado a veces de aplomadas nubes
Amaga el cielo con tormenta oscura;
Mas ríe al horizonte tu hermosura,
Y huyó la tempestad;
Y allá del trono do esplendente subes
Riges el curso al férvido Oceano,
Cual pecho amante, que al mirar lejano
Hierve, de tu beldad.

Mas ¡ay! que en vano en tu esplendor encantas;
Ese hechizo falaz no es de alegría;
Y huyen tu luz y triste compañía
Los astros con temor.
Sola por el vacío te adelantas,
Y en vano en derredor tus rayos tiendes,
Que sólo al mundo en tu dolor desciendes,
Cual sube a ti mi amor.

Y en esta tierra, de aflicción guarida,
¿Quién goza en tu fulgor blandos placeres?
Del nocturno reposo de los seres
No turbas la quietud.
No cantarán las aves tu venida;
Ni abren su cáliz las dormidas flores:
¡Sólo un ser . . . de desvelos y dolores,
Ama tu yerta luz! . . .

¡Sí, tú mi amor, mi admiración, mi encanto!
La noche anhelo por vivir contigo,
Y hacia el ocaso lentamente sigo
Tu curso al fin veloz.
Pásarte a veces a escuchar mi llanto,
Y desciende en tus rayos amoroso
Un espíritu vago, misterioso,
Que responde a mi voz. . .

¡Ay! calló ya... Mi celestial querida
Sufrió también mi inexorable suerte...
Era un sueño de amor, . . .Desvanecerte
Pudo una realidad.
Es cieno ya la esqueletada vida;
No hay ilusión, ni encantos, ni hermosura;
La muerte reina ya sobre natura,
¡Y la llaman . . .VERDAD!

¡Qué feliz, qué encantado, si ignorante,
El hombre de otros tiempos viviría,
Cuando en el mundo, de los dioses vía
Doquiera la mansión!
Cada eco fuera un suspirar amante,
Una inmortal belleza cada fuente;
Cada pastor ¡oh luna! en sueño ardiente
Ser pudo un Endimión.

Ora trocada en un planeta oscuro,
Girando en los abismos del vacío,
Do fuerza oculta y ciega, en su extravío,
Cual piedra te arrojó,
Es luz de ajena luz tu brillo puro;
Es ilusión tu mágica influencia,
Y mi celeste amor... ciega demencia,
¡Ay!. . . que se disipó.

Astro de paz, belleza de consuelo,
Antorcha celestial de los amores,
Lámpara sepulcral de los dolores,
Tierna y casta deidad,
¿Qué eres, de hoy más, sobre ese helado cielo?
Un peñasco que rueda en el olvido,
¡O el cadáver de un sol que, endurecido
Yace en la eternidad!

 

OPINIÓN DE NUESTROS LECTORES

nacho rodriguez marquez 16:37 29 febrero 2016

Como siempre Juan de la Cruz nos ense?a cosas o personajes interesantes de la historia de Espa?a. En concreto estoy aprendiendo mucho sobre la querida tierra cacere?a.

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