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LA DEUDA DE CACERES CON PACO GONZALEZ

12 febrero 2016

Paco González, más conocido como el señor González en Cáceres, fue un adalid del baloncesto, a partir de finales de los años cincuenta. Y sembró una huella inolvidable en la ciudad. Cáceres, hoy, está en deuda con él.

 El señor González, 1920-1997, encargado jefe de los Talleres Municipales de Cáceres, dependientes del Ayuntamiento, era un inquieto cacereño y siempre estuvo dándole vueltas a su mayor y mejor aportación a la ciudad.

Acaso, por ese mismo motivo, un día, cuando corrían los finales de los cincuenta del pasado siglo, allá en el gran espacio de los Talleres Municipales, llegó a la conclusión de que se podría aprovechar la parte central de las dependencias para instalar una cancha de baloncesto, abrir las puertas a todos, niños, adolescentes, jóvenes, y darles la oportunidad de encontrar una oportunidad para la distracción y, también, a ver qué salía de su proyecto. Porque, desde el principio, se mostró convencido de que su idea podría tener futuro.

Aunque Francisco González Rey también era consciente de que el baloncesto en la ciudad de Cáceres, a pesar del entusiasmo de un gran puñado de cacereños, apenas podía con su alma. Sobre todo, y más en aquella época, por la falta absoluta de apoyo. Lo propio, pues, de los tiempos que corrían, para no engañarnos, y donde se hacía harto difícil sacar ayudas para impulsos e iniciativas de este calibre.

Y de repente, casi como por hechizo, aparece el señor González. Paco González para muchos, mejor aún, para todo Cáceres, persona de una extraordinaria sensibilidad social, se vuelca con el baloncesto. Y que logró hacer de su apellido una de las páginas más señeras del deporte de la canasta en Cáceres. Lo que en aquellos tiempos fue, que todo hay que decirlo, una auténtica heroicidad y un modelo, casi apostólico, de luchar por la juventud cacereña, que apenas encontraba motivos de ocio, de inquietud, y, en este caso, de prácticas deportivas. Pero con rigor organizativo. Como la que impulsó como siempre, entre la bonhomía, su cordialidad, su cariño y su pasión. Tanto por el deporte de la canasta, a la que llevó a los más altos lugares en aquellos tiempos, como por abrir un camino al ocio, al entretenimiento, al deporte, a los más jóvenes. ¡Qué grande, ahora, desde el recuerdo y la gratitud, la figura del señor González!.

De una gran vitalidad, en aquel Cáceres con la única pasión deportiva por el equipo de fútbol del Club Deportivo Cacereño, le echó un gran arrojo a su decisión. Y es que había pensado, según le comentó a mi padre por aquel entonces, que en el patio central del Parque de los Talleres Municipales, se podía construir una cancha de baloncesto, y que desde el Ayuntamiento había que ayudar, como fuera, a la expansión del mismo. Y allí mismo, aquel 8 de noviembre del año 1964 Francisco González Rey sentía el pulso de una honda y profunda satisfacción. Y es que ese día se celebraba la inauguración oficial de la cancha de Talleres Municipales. Todo un extraordinario logro que figura en los anales del deporte cacereño. Fue con el partido entre el Cáceres y el equipo pacense del Guardia de Franco, que finalizó con la victoria del conjunto visitante por el resultado de 36-42.

 

Con las labores iniciales y arcaicas, con pocos medios, pero con un corazón gigantesco, Paco González, fue midiendo los pasos. Primero una cancha de tierra, sobre la que se dejaron el pellejo muchos jóvenes y pequeños, que siempre encontraban la puerta de los Talleres Municipales abiertas de par en par. Luego, creando un equipo que llevaba la marca de la casa, Talleres Municipales, con Teodoro Casado, Manteca, Nachi, Agusti, y otros entrenando, entrenando, entrenando. Posteriormente convirtiéndola en cancha oficial y en la que los mismos jugadores trazaban las líneas con cal poco antes del comienzo de los encuentros y con unos modestísimos vestuarios que, al principio, al fondo a la izquierda, solo contaban con agua fría y a cuya ducha se negaban algunos en invierno. Después, añadiéndole la luz eléctrica. Y entre su inmensa voluntad de hierro, las pequeñas ayudas municipales y el concurso de sus primeras apuestas, fue sembrando un tesoro baloncestístico en Cáceres en su confianza y en su inquebrantable ayuda en, por y para la ciudad.

Y, con su inmensa sensibilidad y el entusiasmo de muchos cacereños, la cancha de los Talleres Municipales de Cáceres se fue convirtiendo en un centro de atracción, de interés, de participación festiva con los encuentros que allí se disputaban. Y, sobre todo, con el coraje de una afición que se fue armando poco a poco, gracias, entre otros, a la tenacidad, a la insistencia y al empuje de Paco González.

En el transcurso del tiempo su trabajo se fue puliendo. Y en la cancha de Talleres Municipales, donde se disputaron partidos verdaderamente épicos, con un equipo y una afición a la que era muy difícil de vencer, se fueron juntando --desde el corrimiento generacional-- jugadores de la talla de Agusti, Ayúcar, Nani, Cipri, Salgado, Valhondo, Perche, Paco Ovejero, Fede Ballell, Palomino, Felix Candela, Santos, Ayúcar, Manteca, Terín, Rafael Arroyo, Tomás González, hijo de Paco GonzálezJesús Luis Blanco Morales, Lete, Palomino, Luis Guillén Zancas, Cascos, José Antonio García Recuero y toda una pléyade de extraordinarios cacereños, que, entre los más considerables esfuerzos, llevaron en volandas el nombre de Cáceres por toda España.

Francisco González Rey, un legendario luchador del baloncesto en Cáceres, hijo de un camarero de aquel Hotel Nieto, lo fue todo en el equipo de Talleres Municipales. Organizaba partidos, adecentaba la cancha, visitaba al Ayuntamiento para mejorar la cancha, no paraba de aportar ideas en, a y con los dirigentes de la Federación Cacereña de Baloncesto... Y soñaba.

Una trayectoria de leyenda en el baloncesto de Cáceres, como hubo otras tantas, con Paco González, una bellísima persona, infatigable, incansable, y que junto al Padre Barrios, desde el colegio de San Antonio, Salvador Lucas, entonces presidente de la Federación de Baloncesto, que hasta ejercía de árbitro de mesa y de cronista para los medios informativos, en su afán por divulgar el baloncesto, y otros muchos, como Frades, desde el Colegio de San Francisco, como Bohigasapostaron en firme y con la mayor de las decisiones por el deporte de la canasta.

Y, juntos, lograron, entre todos, ir edificando, día a día, con enorme constancia y tesón, con esfuerzo y sacrificio, con ilusión, el pabellón del baloncesto en la ciudad de Cáceres. Y hasta lograron transmitir una fuerza de arrastre y de seguidores verdaderamente notoria y ejemplar en aquel Cáceres de entonces.

Quizás, sobre todo, porque siempre fueron conscientes de que su labor, aunque callada, discreta y hasta muchas veces desconocida, sobre todo en el paso del tiempo, disponía de la suficiente fuerza como para construir los cimientos de una gran afición, con legión de seguidores que fueron creciendo de la noche a la mañana. Eso sí, siempre a través de unas gestas y hazañas verdaderamente heroicas.

Al poner en marcha la cancha de Talleres Municipales ya estaba sembrando la semilla para conformar el verdadero embrión de la potenciación del baloncesto en la ciudad.

Más tarde fue colaborador del Club de Baloncesto San Fernando, de la O.J.E, miembro fundador del Cáceres Club Baloncesto., que se fundara en 1961, con el que se lograron alcanzar las cotas más altas en la historia del deporte de la canasta en Cáceres y en la región extremeña, alcanzando participar durante once temporadas en la ACB, tuteándose con el Real Madrid, con el Barcelona y otros gigantes, alcanzando la semifinal de la Copa Korak, de Europa en la temporada 1994-1995, y proclamándose, dos temporadas después, subcampeón de la Copa del Rey. Y, siempre, siempre, siempre, con una estela de impecable sensibilidad, esfuerzo y capacidad de lucha por parte de todos. Directivos, jugadores, aficionados, empresarios y medios de comunicación. Cáceres, pues, había logrado una extraordinaria y casi impensable meta más que en los sueños de Paco González Rey y otros entusiastas como él, entre los que destacaríamos, por ejemplo, a Jesús Luis Blanco Morales, extraordinario jugador, incansable, siempre, entre la cancha y los despachos, y que hoy sigue dirigiendo la Federación Extremeña de Baloncesto, desde la presidencia, con numerosos logros en su haber.

Lo que llevó al periodista José María Ortiz a escribir un texto del siguiente tenor: "La aventura del Cáceres C. B. en la élite del baloncesto dejó innumerables momentos felices para quienes la vivieron de cerca. El sueño de unos pocos (entre los que se encontraba Francisco González, añadimos nosotros) acabó convirtiéndose en movilización colectiva para convencerse de que todo era posible". Era, pues, sencillamente, el espíritu de Francisco González Rey.

Francisco González Rey también fue miembro del Comité de Competición de la Federación Cacereña de Baloncesto y vocal de la misma. Asimismo alcanzó el título de Entrenador en Categoría Regional. Y luego también sería designado Secretario-Administrador del Pabellón Polideportivo Municipal.

Como consecuencia de tantos esfuerzos llevados a cabo por Francisco González Rey, en beneficio siempre de la juventud cacereña, lo que es conveniente no olvidar, y del deporte de la canasta, le fue concedida la Medalla de Oro al Mérito Deportivo por el Consejo Provincial de Deporte, lo mismo que entre sus galardones figura la Medalla de Bronce de Juventud, concedida por la Delegación Nacional.

Como ejemplo de relieve sobre la figura del señor González debemos de dejar constancia de un hecho de señalada sensibilidad con todos. Y es que la entrada de su domicilio quedaba a la entrada, a la izquierda, en los Talleres Municipales del que era Jefe. Y allí, en la entrada de su casa, tras puerta siempre había unos cuantos balones para uso de todos los que pasábamos por aquellas dependencias. Desde estas líneas, pues, el mejor recuerdo para su esposa, Marcela, que siempre atendía, solícita y amable, con una sonrisa en el rostro, las demandas de la chiquillería cacereña tocando mil veces al día el timbre. Y es que Marcela, la mujer de Francisco González, fue la primera seguidora de esa parte del baloncesto cacereño llamado Francisco González Rey, con quien Cáceres, a esta hora, continúa en deuda. Como con tantos y tantos cacereños.

Al margen de su actividad como responsable de los Talleres Municipales, de su lucha por el baloncesto, de su defensa de la juventud cacereña, Francisco González Rey llegó a ser Consejero de la Caja de Ahorros de Cáceres, Secretario de la Hermandad Obrera de Acción Católica, miembro de la Junta Directiva de la Parroquia de San José y Secretario de la Comisión de Ayuda Familiar de Funcionarios Municipales.

Una trayectoria, pues, de señalada importancia en la vida de la ciudad de Cáceres. Al menos queda, eso sí, el consuelo de que José María Saponi Mendo, que fuera alcalde de Cáceres, dejara constancia expresa de que Francisco González Rey era un lujo de hombre. Nosotros añadiríamos, tras conocer profundamente su gran capacidad, que fue algo más que un lujo de hombre. Y que se merece que su nombre se perpetúe de alguna manera en un espacio vital de la ciudad.

Pero sobre todo destaca su heroicidad como un abanderado del baloncesto en el Cáceres de aquellos Tiempos y su gran servicio y dedicación en poro de la juventud cacereña que encontró en sus iniciativas, en su acogida, en la cancha de Talleres Municipales y bajo su siempre mano tendida la mejor ayuda en unos momentos complejos para el ocio, el recreo y las inquietudes juveniles de numerosas generaciones que veían en Francisco González al maestro, al amigo, al amante del baloncesto. Y que se nos despidió un fatídico día de 1997 luciendo entre sus honores la Medalla de Oro al Mérito Deportivo, concedida por el Consejo Provincial del Deporte, y la Medalla de Bronce de la Juventud otorgada por la Delegación Nacional de la Juventud.

Hoy, pues, a estas horas, tantos después, la ciudad de Cáceres se encuentra en deuda con quien, de verdad, de todo corazón, callada, esforzada, luchadoramente, se dejó el pellejo sobre las canchas de baloncesto y llevando de la mano de la deportividad y de la competición a miles de jóvenes cacereños, por los que tanto y a los que tanto ayudó.

NOTA: La primera fotografía es de Francisco González. La segunda es una imagen de la inauguración de la cancha de Talleres Municipales (al pasar de una pista de tierra a ser debidamente alquitranada), con el partido entre el San Fernando OJE, de Cáceres, y el Guardia de Franco de Badajoz)

 

OPINIÓN DE NUESTROS LECTORES

ANGEL RUIZ CANO-CORT?S 22:45 18 febrero 2016

Magn?fico, profundo y human?simo art?culo, que, como todos los de juan de la Cruz, me ha hecho a?orar mi querido C?ceres.

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