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UN DIA REIVINDICATIVO

07 septiembre 2015

Hoy tiene lugar la celebración del Día de Extremadura. Una festividad que debe de servir, sobre todo, para fomentar la conciencia regional de la identidad extremeñista, y, también, para reivindicar las más firmes necesidades de nuestra tierra.

Hoy tiene lugar la celebración del Día de Extremadura. Una festividad que debe de servir, sobre todo, para fomentar la conciencia regional de la identidad extremeñista, y,  también, para reivindicar las más firmes necesidades de nuestra tierra.

Una Comunidad Autónoma que se encuentra, tras las pasadas elecciones municipales y autonómicas, en la necesidad de elaborar, con urgencia, el libro de sus necesidades y anhelos, de sus aspiraciones, de sus inquietudes, de sus necesidades. Y ante las que nadie debiera de mirar para otro lado.

Acaso, más que nunca, porque Extremadura, en nuestra modesta opinión, se encuentra en una situación compleja y delicada, fruto de la crisis, y ante cuya situación resulta necesario armarse de valor, de trabajo y de un esfuerzo inveterado.

Los tiempos y las épocas pasadas, más allá de cualquier otro análisis, que sería de justicia hacerlo, ya quedan atrás. Si bien fruto de determinados errores o incompetencias Extremadura perdió, sin ánimo de entrar en colores y tendencias políticas, una parte de su ser. Y es que el Estado Autonómico y las tartas presupuestarias, las influencias y las cercanías o distancias del poder central marcan muchas tendencias de progreso y desarrollo. Además, claro es, de la capacidad de exigencia y reivindicación que se tenga desde, en este caso, desde Extremadura.

Pero ya es llegada la hora de que el Gobierno de Extremadura se cuaje de técnicos y expertos en todas las materias, de analistas serios y rigurosos, de profesionales competentes, que dejen en la linde del camino errores históricos que hoy está pagando, y de qué manera, sin lugar a dudas, el ciudadano de a pie. Sobre todo los desempleados.

Y el camino, para no engañarnos, no resulta nada fácil. Unas cifras de parados desorbitantes, miles de ochocientos o novecientos euristas, muchos jóvenes enfilando los caminos de la Europa Central aburridos y cansados de presentar currículum y currículum, de que muchos o casi todos pasen de ellos, de sus necesidades de abrirse camino...

Hoy, en el Día de Extremadura, nos encontramos, por fuerza, por necesidad, por obligación, en el día de reivindicar eficacia, acción, trabajo, logros. Y, sobre todo, mucha transparencia y eficacia en todas y cada una de las gestiones que emanen de los máximos responsables.

Extremadura votó el 24-M con ganas de futuro. Sencillamente. Y con deseos de ir progresando acorde con otras Comunidades Autónomas dentro del concierto del Estado español.

Más las circunstancias no dieron, en el transcurso del tiempo, a pesar de las declaraciones triunfales de algunos, el fruto deseado. 

Porque el arte de gobernar es el de dejarse la piel en el camino por y para todos, sin discriminaciones, sin el lujo del cansancio o apartar a algunos o a muchos del camino. Y a buen entendedor pocas palabras bastan.

Hoy, pues, es un día para que Guillermo Fernández Vara, como presidente de la Junta de Extremadura, que ya vivió las mieles del rectorado de la Junta y las hieles de la oposición, presente ante el pueblo extremeño todo un programa de ilusión, de seriedad, de respeto, de ardor en el camino. Sobre todo porque es una necesidad inviable y necesaria para el futuro de los extremeños. Más aún de las nuevas generaciones de extremeños que se encuentran, sencillamente, acorralados por el temor al futuro.

Un día, pues, de celebraciones festivas, por supuesto, y honrar el día de la Comunidad Autónoma. Más, al tiempo, un día de dejar constancia de ese programa de trabajo que el presidente de la Junta de Extremadura y sus colaboradores no tienen más remedio que exigir como cumplimiento, no ya de un programa político, si no de un programa social, humano, popular, colectivo de la tierra extremeña.

Porque es el momento de reivindicar las esperanzas, desde las necesidades, del pueblo extremeño. Sin demagogias, sin palabras que se las lleve el viento, sin promesas incumplibles y que luego duermen el sueño del olvido en los cajones y en los expedientes y en las iniciativas sin tramitar.

Extremadura, ya, no quiere ni necesita de fastos demagógicos tras una andadura en la que de todo hubo en el camino. 

Y es que, hoy, inmersos en plena crisis, de una gran severidad, el gobierno de la Junta de Extremadura, no tiene más remedio y más obligación que defender a su gente aunque se tengan que dejar la piel en el camino.

Pero esa es, como señalábamos anteriormente, una de las grandes esencias de la democracia. Saber luchar por la gente del pueblo, por el ciudadano de a pie, y por el que hoy siente en sus carnes bastantes incomprensiones porque otros se olvidaron de muchos.

Todo ello, por supuesto, a pesar del progreso de Extremadura en los últimos decenios. Pero los momentos de angustia que vive la sociedad española en general y extremeña en particular requieren de trabajo, de sencillez, de nobleza, de sudores, de batallas, de esfuerzos y de logros hasta conseguir la Extremadura que todos queremos.

Y eso lo conoce bien, y me consta personalmente, Guillermo Fernández Vara.

 

 

 

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