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13 febrero 2026
Llega un momento en la vida de toda familia en el que el papel pintado de animalitos y los baúles llenos de bloques de construcción dejan de tener sentido en la habitación de nuestros hijos. De la noche a la mañana, ese niño que antes correteaba por todos los pasillos de la casa crece y se convierte en un adolescente con necesidades y gustos diferentes, lo que nos obliga a replantearnos la decoración de su dormitorio. Pero resulta que, la mayoría de las veces, esa transición de una habitación infantil a una juvenil no solo implica un cambio estético, sino también una evolución estructural que debe responder a los nuevos retos biológicos y sociales que enfrentarán nuestros hijos.
Sin embargo, priorizar su descanso es primordial. No podemos olvidar que, durante la adolescencia, el cuerpo experimenta drásticos cambios óseos y musculares. Por ello, conviene revisar y renovar las bases de colchones, por ejemplo, para asegurarnos de que el soporte sea el adecuado para un cuerpo que gana peso y altura con rapidez. Tomando en cuenta que un buen diseño debe ser capaz de equilibrar la ergonomía con la expresión de la identidad propia del usuario, creando así un refugio donde el joven pueda estudiar, descansar y socializar.
Para un niño, su habitación es un parque de juegos. Pero para un adolescente, es su cuartel general. Es el lugar donde forja su identidad, escucha música y pasa horas frente a sus dispositivos. Por lo tanto, el primer paso para lograr una renovación integral exitosa es involucrar al protagonista.
Es hora de retirar los colores primarios y los motivos demasiado infantiles. La tendencia actualmente se inclina más por el uso de paletas neutras (grises, arenas o blancos rotos) que sirvan como lienzo en blanco para que tu hijo añade personalidad mediante posters, luces LED o textiles.
En un dormitorio juvenil, debemos delimitar claramente tres áreas: la de descanso, la de estudio y la de ocio. Si el espacio es reducido, el uso de mobiliario inteligente será tu mejor aliado.
Por lo general, uno de los errores que cometemos es pensar que la decoración es solo lo que se ve. Sin embargo, el cambio físico de un joven de 12 años a uno de 17 es impresionante. Así que, un soporte que era cómodo para un niño es muy probable que resulte insuficiente o incluso perjudicial para un adolescente.
Por eso, insistimos, hay que prestar atención a las bases de los colchones. Ten en cuenta que los somieres de láminas antiguas o las bases desgastadas pueden generar molestos ruidos y, lo que es peor, deformar el colchón, provocando dolores de espalda y un descanso de muy mala calidad. En cambio, una base tapizada reforzada o un canapé de gran capacidad, además de aportar la firmeza necesaria para una columna en crecimiento, también ofrece un soporte transpirable y duradero.
Esto sin mencionar que, el crecimiento físico suele venir acompañado de una necesidad de camas más grandes. De manera que, si el espacio lo permite, pasar de una cama de 90 cm a una de 105 cm o incluso 135 cm será una inversión que tu hijo agradecerá profundamente durante sus últimos años en casa.
Para nadie es un secreto que el caos suele ser el fiel compañero de la adolescencia. Por lo cual, el diseño debe ayudar a mantener el orden de forma casi automática. Y para ello nada mejor que buscar la optimización del espacio, sobre todo si vives en un piso pequeño.
Si el dormitorio es compartido o si el joven suele invitar a sus amigos a dormir, las camas nido con cajones inferiores son una buena solución. Aprovechar la parte baja de la cama para guardar mantas o ropa de otra temporada es aprovechar cada metro cuadrado.
Las estanterías que llegan hasta el techo y los armarios con interiores bien distribuidos también son esenciales. Recuerda que ahora su ropa es más grande y su material escolar más voluminoso.
Los escritorios que se integran en la estantería o los pufs que sirven como asiento para los invitados y también como almacenaje son tendencia en el interiorismo juvenil.
Con la llegada de la ESO y el Bachillerato, las horas de estudio suelen aumentar considerablemente. Así que el rincón de estudio ya no puede ser una simple mesa auxiliar; debe ser un espacio que invite a la concentración y que incluya:
Luz natural: siempre que sea posible, el escritorio debe situarse cerca de la ventana. Y para las horas nocturnas, una iluminación LED regulable bastará para evitar la fatiga visual.
La silla ergonómica: no escatimes en este elemento. Una silla con soporte lumbar y regulación de altura es fundamental para evitar problemas posturales a largo plazo.
Tecnología integrada: asegúrate de que haya suficientes tomas de corriente cerca y, si es posible, pasacables para evitar el desorden visual de los cargadores del ordenador, el móvil y la lámpara.
Una vez tengas resuelta la parte estructural y funcional (la cama, el escritorio, etc.), es el momento de pensar en la estética. El objetivo es que tu hijo se sienta identificado con su entorno. Que le guste el espacio. Para ello te puedes apoyar en:
Textiles con carácter: los cojines, las fundas nórdicas y las alfombras son la forma más económica y rápida de cambiar el estilo de una habitación. Los estampados geométricos o las texturas como el lino y el algodón orgánico aportan una madurez visual inmediata.
Paredes con personalidad: una pared de acento con papel pintado de estilo industrial, ladrillo visto o simplemente un color más oscuro puede transformar por completo un dormitorio. Últimamente se lleva mucho lo de incorporar corchos o rejillas metálicas donde puedan colgar sus fotos y recuerdos sin estropear la pintura.
Iluminación de ambiente: las tiras de luces LED que cambian de color son un "must" para la generación Z. Pues permiten transformar la habitación en un espacio relajado para ver películas o jugar a videojuegos con solo un clic.
Como bien sabes, la adolescencia es una etapa de mucha actividad. Así que, lo más probable, es que los muebles vayan a sufrir un uso intensivo, por lo que la calidad de los materiales es innegociable.
Opta por melaminas de alta densidad resistentes a los arañazos o maderas tratadas, esto te asegura que el mobiliario sobreviva a esta etapa. Asimismo, puedes elegir una base de colchón con estructuras de acero curvado o metálica para evitar que la cama ceda o pierda estabilidad con el uso diario. Es preferible invertir un poco más al principio en piezas básicas de calidad que tener que renovar el dormitorio entero a los dos años.
Sin duda, renovar un dormitorio juvenil es un viaje emocional y creativo que va más allá de cambiar muebles. Tiene más que ver con acompañar a nuestros hijos en su paso a la edad adulta, dándoles un espacio que respete su intimidad y cuide su salud.
Pero para emprender esta tarea con éxito hace falta planificación. Priorizar un buen soporte para el descanso, optimizar el espacio de almacenamiento y permitir que ellos dejen su huella personal en la estética son las claves para conseguir una habitación bonita que quieran mostrar en Instagram, a la par que sea funcional y saludable en el día a día.
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