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Comunicar

11 mayo 2021

Aunque con alguna variación según las distintas teorías, resulta comúnmente aceptado tener por elementos del proceso de comunicación los siguientes: el emisor, el receptor, el mensaje, el código, el canal y el contexto.

Aunque con alguna variación según las distintas teorías, resulta comúnmente aceptado tener por elementos del proceso de comunicación los siguientes: el emisor, el receptor, el mensaje, el código, el canal y el contexto1. El emisor es quien transmite el mensaje, el mensaje es la información trasmitida, el canal es el soporte por el que circula el mensaje, el receptor es quien recibe el mensaje y el contexto es la relación que se establece entre las palabras y facilitan la compresión del mensaje. De todo ello, lo fundamental es la existencia de alguien (emisor) que quiere transmitir una información (mensaje) a otro alguien (receptor) con la finalidad de que éste sea consciente de los deseos de aquél. Por tanto, la comunicación solo tendrá éxito si el receptor interpreta el mensaje en el sentido que pretende el emisor.

Este proceso de comunicación resulta alterado diariamente en múltiples facetas de la cotidianeidad y, sobre todo, por la mayoría de nuestros políticos. En política, en tanto que actividad pública de administración de los asuntos públicos, el empleo y uso de la palabra es fundamental. Es intrínseco a la comunicación el intercambiar opiniones e ideas para alcanzar acuerdos y pactos que se materialicen en la acción de gobierno. Sin embargo, lo frecuente es que, aunque nuestros políticos hablen, no lo hagan con intención de intercambiar información o ideas con su adversario sino únicamente para emitir su discurso. Nuestros políticos hablan, pero no se comunican, emiten un mensaje que no llega a ningún receptor o, lo que es peor aún, no pretenden hacer llegar ninguna información al receptor.

En las democracias plenas como la nuestra, donde la pluralidad de pensamientos e ideas es consustancial a la misma, debiera ser normal que quienes sostienen unas u otras entablen conversación y diálogo donde esgriman los respectivos argumentos que vayan surgiendo de esa confrontación. Sin embargo, observamos debates televisados donde las intervenciones de cada uno de los participantes han sido elaboradas previamente y se enuncian a lo largo del mismo con independencia de lo que digan los demás. Asistimos a sesiones parlamentarias en las que la defensa por un portavoz de una determinada propuesta es contestada por los demás con alocuciones referidas a asuntos que nada tienen que ver con aquél que en ese momento se está ventilando. Presenciamos entrevistas en las que el personaje entrevistado elude sistemáticamente responder aquellas preguntas cuya respuesta pudiera resultar comprometida aprovechando la respuesta inicial para terminar haciendo un extenso alegato de una temática diferente a la introducida por el entrevistador o, lo que es peor, respondiendo algo completamente distinto respecto de lo que ha sido inquirido; siendo esto último el más claro ejemplo del popular dicho castellano "¿De dónde vienes? Manzanas traigo." 


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Las redes sociales tampoco se libran de esta tendencia de nuestros políticos de atentar contra el proceso de comunicación. Es frecuente que se empleen estos medios para “felicitar” a algún oponente por un triunfo electoral recuente, “congratularse” por determinado éxito deportivo, “solidarizarse” con algún individuo o colectivo. En ninguno de estos casos se garantiza una verdadera comunicación pues ésta implica que el emisor reciba el mensaje y lo interprete conforme a la voluntad del emisor; todos ellos no pasan de ser, en el mejor de los casos, mero postureo2.

En cualquier caso, lo que trasciende de todo este tipo de conductas es una extremada falta de respeto no solo al adversario político, que también, sino a la ciudadanía en general, obviando que, al fin y al cabo, se deben a esa misma ciudadanía constituida en sociedad plural y diversa que es a la que se han ofrecido a servir. Y servir a una sociedad plural y diversa como la actual dotado de un sistema democrático pleno supone diálogo entre todos los grupos políticos y transparencia en la toma de decisiones para la consecución del bien común, porque poner en común, y no otra cosa, es comunicar3.

 

Notas.

  1. http://roble.pntic.mec.es/~msanto1/lengua/1comunic.htm

 

  1. https://dle.rae.es/postureo     

m. coloq. Esp. Actitud artificiosa e impostada que se adopta por conveniencia o presunción.

  1. https://www.fabulasdecomunicacion.es/2014/09/01/comunicar-en-cinco-verbos-y-su-etimologia/ 

En su libro “Comunidades y redes sociales, el desplome de las pirámides” Mauricio Tolosa desvela los orígenes etimológicos de la comunicación: hace 5.000 años los pueblos indoeuropeos fusionaron los vocablos “ko” (vivir juntos) y “mei” (intercambio). Surgía así la comunicación como un bien social al expresar la acción de “constituirse y ser juntos intercambiando”.

Esta raíz se aprecia también en el estudio del filósofo italiano Roberto Esposito, que sitúa la etimología de la palabra “comunicación” en el sustativo latino “munis”, que hace referencia a un “deber u obligación”, a partir del cual se origina un “communis”, es decir, poner en común o compartir ese deber con los demás, originar una “communitas”.

En ambos casos, comunicar es hacer comunidad.

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