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PERDEDORES QUE GANAN

22 mayo 2017

PERDEDORES QUE GANAN

He leído tantas veces “El coronel no tiene quien le escriba”, de Gabriel García Márquez, que si no fuera por mi caótica memoria me la sabría de la primera a la última frase...

He leído tantas veces “El coronel no tiene quien le escriba”, de Gabriel García Márquez, que si no fuera por mi caótica memoria me la sabría de la primera a la última frase. Desde El coronel destapó el tarro del café y comprobó que no había más de una cucharadita con que comienza, hasta Mierda, con lo que acaba, ante la pregunta de su mujer sobre qué iban a comer en el futuro.
Se trata de una obra que todos deberíamos leer al menos cada vez que nos sorprendemos con lo que las cuestiones políticas nos echan encima. Sobre la basura y la mezquindad con que muchos profesionales del cuentismo nos regalan.
Y la deberíamos leer para eso, para no sorprendernos. Para saber y comprender que no hay nada nuevo bajo el sol, ni aquí ni allá, a un lado y otro de los mares.
El coronel ha luchado en las guerras civiles. Ha dado su juventud, su arrojo. Ha arriesgado su vida. Y con la paz, a pesar del alto grado que ganó en las batallas, se verá arrinconado en un pueblo miserable donde llueve y llueve sin cesar, donde se aísla, lo aíslan, lo olvidan, porque los vencedores no han sido los que arriesgaron el pellejo cada día de la refriega, sino los que luego llegaron con sus corbatas, sus zapatos lustrosos, sus palabras medidas, contenidas, sus moquetas y sus negociaciones.
Espera cada día en el correo la notificación de su pensión, que nunca llega, en tanto ve cómo prospera su compadre don Sabas, que le acompañó “militantemente” en su momento de fulgor, pero que supo acomodarse, acompasarse, infiltrarse en los medios del poder. Y es tan miserable este nuevo rico, amasador de fortuna a la sombra de quien manda, que hasta el gallo de pelea que el coronel quiere venderle para no seguir fustigado por el hambre plantea comprarlo a precio de saldo, sabiendo su penuria.
Sí, esta novela corta, de apenas cincuenta páginas en formato bolsillo, que se lee en un par de horas, y puede bajar cualquiera de internet sin traba alguna, nos reconfirma en lo que deberíamos saber: hay perdedores que siempre lo serán (a la memoria me vienen los Capitães de Abril, que en 1974 se jugaron el tipo en Portugal para acabar con las horribles guerras coloniales y la dictadura salazarista, siendo luego relegados al olvido unos, a la represión otros y al exilio alguno más, aparte de los que fueron a la cárcel, por los que con las “manos limpias” se pusieron a reorganizar el país a su acomodo).
Y hay otros “perdedores” que eternamente ganarán, porque saben darle la vuelta a la tortilla, o colocarse ellos del lado de la tortilla que ya está bien cuajada. Sí, esos incombustibles que ven como otros se queman y achicharran, pero ellos quedan a la sombra de la barbacoa, comiendo los pinchitos que los más esforzados asaron para que ellos disfrutaran con todo su cinismo, su falta de escrúpulos y su profesionalidad de “bienintencionados” que… dicen trabajar para el bienestar de los demás. De estos, en nuestra “piel de toro ibérica” y “tierra extrema y dura de castúos” hay más que lombrices y cardos borriqueros.
¡Lean “El coronel no tiene quien le escriba” y no sigan creyendo en la caterva horrible de los oportunistas! (Posdata: ahora muchos serán más “pedrosanchistas” que ninguno)

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