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Por aldeas históricas portuguesas: Belmonte y Piódäo (y II)

16 octubre 2018

Continuamos. Al día siguiente, después de una interesante jornada disfrutando de las realidades de Belmonte y de sus pasadas estructuras

Continuamos. Al día siguiente, después de una interesante jornada disfrutando de las realidades de Belmonte y de sus pasadas estructuras, casi sintiendo a Pedro Álvares Cabral otear desde la amura de su navío el horizonte en busca de la tierra presentida y casi intuyendo los avatares que en el Castillo de Belmonte se vivirían en ese pasado que apenas vislumbramos y que tanto buscamos aprehender, marchamos camino de Piódão.

Y, para sorpresa, que no sabría si calificar de poco grata o de deliciosa y gratificante experiencia, la marcha por una parte de los casi ochenta kilómetros que separan Belmonte de la aldea de Piódão. Una distancia no excesiva, pero recorriendo una terroríficamente deliciosa carretera.

Una más que estrecha senda, por supuesto sin ningún tipo de arcenes, con un firme poco firme, con curvas y más curvas sobre curvas cerradísimas, con profundos desniveles y abiertos precipicios ya a la derecha ya a la izquierda de la marcha. Una marcha con momentos de no mirar a los arroyuelos que allá en fondo se intuían ni a las masas arbóreas pero que, para incrementar la zozobra y el temor, se complicaba con el cruce con algún coche y, horror de los horrores, con otro autobús que marchaba en dirección contraria al nuestro. Fueron minutos que algunos aprovechábamos para una nueva y callada oración o, que de todo hubo en la viña del Señor, reclamar la inmediata intervención de helicópteros que nos rescataran de aquella segura tragedia que resultaría del rodar de nuestro vehículo hasta los profundísimos precipicios que, a diestra o siniestra, acechaban. Y las ovaciones, aplausos y felicitaciones que nuestro conductor recibió, fueron…muchas. Porque, ya lo dice el refrán, “El miedo es mucho y cada cual toma el que quiere.”

Pero ahora, pasado el trago, me alegro de haberlo recorrido. Hay otro camino, otra ruta de acceso más moderna,… pero si vuelvo, repetiré la ahora transitada.

Piódão es, en definitiva, un pueblo algo alejado, una pequeña aldea que brinda al sorprendido visitante la posibilidad de admirar y hasta comprender un Portugal rural. Estamos ante una aldea tradicional ubicada en Arganil, dentro del distrito de Coimbra, asentada sobre un territorio dominado por un valle con terrazas, en un hermoso y aislado conjunto montuoso, de elevada crestería y valles hondamente recortados y una zona boscosa virgen conocida como Serra de Açor.

Un agreste paisaje, que atrae y cautiva por su simple majestuosidad que confiere al paisaje una pureza de contenidos arcaicos y primigenios, levemente rotos, aquí y allá, por los cultivos en terrazas asentados en las laderas o por las mínimas edificaciones que se intuyen abandonadas, restos de pasadas habitaciones.


Pero también se hace cada vez más elevada la impaciencia y curiosidad por un Piódão que se nos empecina en estar lejos de nuestra vista, que se empeña en permanecer escondido y oculto, como jugando y burlando al impaciente visitante para, inesperadamente, deslumbrar con su arquitectura, que bien refleja la capacidad y la habilidad de los seres humanos para adaptarse de forma “natural” a espacios que a primera vista parecen de lo más inhóspitos e imposibles de darles acogida. Y, de pronto, ante nuestra vista asombrada, se aparece a modo de uno de aquellos “belenes” que en su tiempo invernal solemos contemplar, Piódão.

Según nos comentarían más tarde, hasta la década de 1970, sólo se podía llegar a Piódão a pie o a caballo, a través de caminos y senderos abiertos o semiabiertos en el monte.

La estructura urbana de la aldea muestra una disposición en anfiteatro, a modo de un “pesebre” de pizarra integrado por casas de fuerte y robusta solidez como plantadas, como hincadas, en la tierra con dureza y de forma consistente, con claros propósitos de permanencia en medio de esa naturaleza agreste y salvaje a la que parecen combatir y complementar. Casas macizas, en piedra de pizarra, con cubiertas también de pizarra y pequeñas ventanas que como las puertas aparecen coloreadas de azul en su espacio inmediato.


Es, fue, una delicia, pese o gracias a, la lluvia que nos acompañaba y lo resbaladizo de un suelo pedregoso, recorrer sus empinadas, estrechas y tortuosas callejuelas, con un hilillo -o algo más- de agua corriendo casi a modo de irregulares cañadas.


La localidad estaba poblada, en 2011, por poco más de 150 habitantes para quienes las tareas agrícolas y pastoriles son, como en tiempos pasados, el modo de vida en unas actividades primarias de economía de subsistencia.

En la zona menos elevada de la aldea se encuentra la Iglesia de Nossa Senhora da Conceição, edificado allá por mediados del siglo XVIII. Habiendo sufrido distintas modificaciones y reformas, presenta ahora, con un acceso por una amplia escalera en pizarra, dos cuerpos yuxtapuestos y sacristía aneja.

La fachada actual se configura por medio de cuatro robustos contrafuertes cilíndricos, más elevados que el cuerpo de la nave, rematados en chapiteles cónicos.

Algún interés presenta la pequeña “Capilla de las Almas”, también originaria del siglo XVIII, pero muy cambiado. En un retablo de madera se pintó de forma sencilla una escena representando las almas del Purgatorio. Fue capilla mortuoria de Piódão y de las aldeas vecinas.


Existe, además, una era comunitaria situada en la parte superior de la aldea, un espacio usado para secar y majar las cosechas, tanto de cereales como de leguminosas.


Son espacios comunes porque en pueblos pequeños y aislados, el comunitarismo es preciso y hasta necesario para todos los moradores, necesidad que no sólo se presenta en el equipamiento urbano -el horno, sistemas de riegos, la era, - sino que se precisa en las actividades realizadas por sus gentes.


Amigo lector, no dejes de visitar la denominada Fuente de los Algares, construida, como no, en pizarra; una pequeña fuente con un arco ojival en el interior de una pared ¡de pizarra! Y, aprovecha un tiempo para deambular por el pequeño Núcleo Museológico ubicado en la Oficina de Turismo, en el que, a modo de exposición permanente, se presentan instrumentos cotidianos que permiten aproximarnos a las formas de vida de las gentes de este pueblo histórico y también a las formas como fueron vistos por sus pretéritos visitantes.


Podrás leer recortes de vieja prensa comarcal en la que se muestran las carencias que sus habitantes hubieron de padecer, Repara en las fechas y en los contenidos de las noticias que transcribo:


Manuel Pacheco, 2 de octubre de 1950, en Comarca de Arganil: “No Piódão os sinos tocam a rebate! Fogo? Não! Ladrões? Nada disso! O que há então? A necessidade imperiosa da construção da nossa estrada.”


En Penedos Altos, Jornal da Paroquía do Piódão, nº. 36, Abril de 1970: “Causou o maior regozijo nesta freguesia a noticía de que a Camara municipal de Arganil …resolveu na sua última reunião mandar elaborar o proyecto de electrificação desta freguesia….Deus permita  que no seja mais un proyecto.”


Como se indica en una información turística, “Piódão ofrece hoy en día una buena oferta turística, con alojamiento, restauración, y diversas tiendas con lo que de más tradicional se produce en la aldea, entre artesanía, licores, miel, pan u otros deliciosos productos gastronómicos.”


Me resultó una experiencia gratificante y positiva,…visítalo antes de que se modernice y su encanto se evapore! Me permito aconsejártelo…y buscaré otras aldeas históricas portuguesas para deleitarme en ellas.

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