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CAPITANES GENERALES DE EXTREMADURA

04 diciembre 2017

Una propuesta para el callejero pacense

Con frecuencia, suelo pasear casi a diario por las calles de este Badajoz de mi residencia buscando ese propósito de mantenerse medianamente ágil y de evitar, o al menos reducir, los asaltos que nuestro cuerpo pueda padecer de esos peligros, llámense colesterol, azúcar o tantas cosas más, que nos acechan de modo especial cuando vamos abandonando parte de nuestros años en ese tiempo que nos engulle. Una tarea nada original, en la que coincido con otras muchas personas que son, en ocasiones, “amigos paseantes”, gentes con las que sólo cruzas un saludo, un gentil y amable “buenos días”, pero que sólo conoces de vista, de cruzarte con ella en ese matutino o vespertino paseo.

Hace unos días, esperando en un semáforo de una avenida de Badajoz, una calle por la que habré cruzado y transitado cientos de veces, reparé en la placa que informaba de su nombre. En realidad, más que en ese nombre, en la condensada información que trataba de aclarar una esencial caracterización del personaje que daba nombre a la vía pública, un ilustre militar nacido, 1918, en Badajoz, “General Manuel Saavedra Palmeiro, Capitán General de Andalucía del siglo XX”.

Una pregunta se abrió paso y una duda me asaltó…¿cuántas calles de la ciudad de Badajoz están nominadas y se han dedicado a Capitanes Generales de Extremadura? Entre la pléyade de militares que fueron nombrados para el desempeño de ese cargo y de esas importantes y delicadas funciones, creo son pocos los que han merecido el honor y la distinción de dar nombre a una de las calles de esa ciudad en la que estaba asentada la Capitanía General de Extremadura. Recuerdo ahora al Duque de San Germán o a Felipe Arco Agüero.

Pero deseo romper una lanza por estos soldados que tuvieron todo tipo de responsabilidades en una tierra, como la extremeña, enclavada en la Raya hispano-portuguesa. Porque no olvidemos que la realidad presente en esa frontera de buena parte de los Tiempos Modernos y Contemporáneos ha estado marcada por una casi permanente situación de conflicto armado, de profundas enemistades, de dilatados tiempos de odios, rencores, asaltos, rapiñas y saqueos entre los dos pueblos moradores a ambos lados de la Raya extremeño-alentejana con su centro en la ciudad de Badajoz.

Esa Frontera, en la magistral caracterización de Ángel Rodríguez Sánchez, es a veces frontera de pillaje, a veces frontera de colonización pero siempre bien distante y alejada de los centros del poder político, en los que se adoptan decisiones de gobierno; una frontera de conflictos, escenario de enfrentamientos armados que conducen a la despoblación y a la ruina. Con unas estructuras económicas arcaizantes, carente de elementos artesanales que vayan más allá del autoabastecimiento.

En reiteradas ocasiones, la región extremeña se transforma en escenario de un conflicto armado, ya que la concepción estratégica presente tanto en Lisboa como en Madrid, convierten a Extremadura y al Alentejo en centro neurálgico y principal escenario de la lucha. Como lo había sido en los finales del siglo XV, por la sucesión a la Corona castellana entre los partidarios de Juana de Trastámara y los de la inmediata Isabel la Católica. O en los del XVI, con la presencia sobre suelo extremeño de un voluminoso ejército, acampado en la dehesa de Botoa, cerca de Badajoz, con el que Felipe II apoyaría sus derechos dinásticos al trono portugués. Como lo fue en la dilatada Guerra de la Restauración portuguesa y las situaciones de duras tensiones con el vecino portugués a lo largo de los finales del siglos XVII y del XVIII, iniciado con la Guerra de Sucesión a la Corona de España, y como lo será en diversos momentos del siglo XIX.

Por ello, Extremadura, una tierra de frontera, escenario de numerosos conflictos, ha estado caracterizada por la presencia de grupos cuantitativamente elevados de militares y por la existencia de una estructura militar-político-administrativa, la Capitanía General de Extremadura, que daba unicidad al territorio y sus gentes. A su cabeza, el Capitán General, un militar dotado del máximo poder político y con jurisdicción sobre los restantes altos cargos de la administración, sea de justicia, del gobierno regional y de la hacienda.

La historia militar de la región ha merecido algunas atenciones investigadoras, pero las vidas y las actuaciones de los Capitanes Generales han atraído con menor intensidad el trabajo de los historiadores y, por ceñirnos a tiempos más cercanos, solo recuerdo los esfuerzos de los Doctores Álvaro Meléndez Teodoro, José Sarmiento Pérez y Juan Pedro Recio Cuesta. Y quisiera que estas líneas sirvieran de merecido homenaje a los que fueron Capitanes Generales de Extremadura, con su residencia oficial en la ciudad de Badajoz. Y ello pese al que podría ser casi defendible pensamiento de Jacques Tati “El militar es una planta que hay que cuidar con esmero para que no de sus frutos.”

Y me permito personificarlo en la figura de José Ramón Rodil y Campillo, un lucense nacido en Santa María do Trobo, combatiente en la Guerra de la Independencia. En 1811 “…se halló en el sitio de Badajoz” y después participó activamente en la lucha de independencia de Perú, resistiendo durante dos años como mando supremo en las fortalezas del Callao peruano.

Durante la Primera Guerra Carlista, en buena parte de la década de 1830, en la que las poblaciones extremeñas hubieron de padecer duramente las consecuencias una larga y extenuante guerra civil, había sido nombrado como Gobernador y Capitán General de Extremadura, con retención de la Inspección General de Carabineros, en 13 de Septiembre de 1833, al tiempo que para Segundo Cabo de Extremadura y Gobernador de la plaza de Badajoz lo era Juan González Anleo. Tomó posesión en 19 de Septiembre.

Va a dirigir todas las actuaciones de las tropas liberales en lucha contra el Monarca portugués Don Miguel que había acogido al Pretendiente carlista, asentado en ese tiempo en Portugal, recibiendo la orden expresa de la Reina Gobernadora para que se introduzca en Portugal con sus tropas e intente capturar al Pretendiente carlista, el Infante Carlos María Isidro, hermano del difunto Fernando VII.

En Junio de 1834 fue nombrado Capitán General de Navarra y en febrero de 1835 vuelve a ser nombrado Capitán General de Extremadura. Y con posterioridad lo será de Cataluña y Aragón y nuevamente de Extremadura.

En abril de 1836 es designado como Secretario de Estado y del Despacho de la Guerra y en agosto, general en jefe del isabelino Ejército de operaciones del Norte.

Su figura está demandando un estudio que analice aspectos oscuros de un hombre que siendo Ministro de la Guerra fue sometido a la investigación del Tribunal especial de Guerra y Marina, que lo declaró libre de los cargos que se le formularon. Entre el 17 de Junio de 1842 a 9 de Mayo de 1843 es de nuevo Ministro de la Guerra, y finalmente, Presidente del Consejo de Ministros desde el 17 de Junio de 1842 hasta el 9 de Mayo de 1843.

La historiografía extremeña y nacional tiene una deuda con el conocimiento y el estudio de este Capitán General de Extremadura. Como podrían ser el Duque de San Germán o don José Galluzo y Páez, que allá por 1808 fue además el primer presidente de la Junta Suprema de Extremadura, biografiado por el Dr. Don José Sarmiento Pérez. O el último de los capitanes generales de Extremadura, el Teniente General Don Federico Esponda y Morell, a quien en la ciudad de Cáceres se le recuerda con respeto y cariño, nombrándole en su momento hijo adoptivo y dando su nombre a una de sus calle más céntricas.

Y deseable sería, al menos así lo propongo a quien corresponda, se nominara alguna nueva avenida de la ciudad de Badajoz en entrañable recuerdo a más de uno de los que fueron Capitanes Generales de Extremadura, ilustres soldados que vivieron en esta ciudad y trabajaron por la tierra y las gentes de la vieja “Provincia de Extremadura.”

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OPINIÓN DE NUESTROS LECTORES

Álvaro Meléndez 17:41 04 diciembre 2017

Muy acertada reflexión, que apoyo, por supuesto. Solo una nota si me permites, es un lapsus, yo no tengo título de doctor, cuanto me gustaría tener los conocimientos suficientes para ello, solo soy un modesto profesor de EGB y comandante de Infantería. Un abrazo y, de nuevo, mi felicitación y apoyo, maestro.

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