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MAESTROS PACENSES DEL SIGLO XIX (IV): MIGUEL PIMENTEL Y DONAIRE

25 mayo 2017

Deseo recordar la personalidad y las actuaciones de un hombre de quien el pasado 25 de junio de 2015 se cumplió el centenario de su muerte, acaecida tras los padecimientos ligados a una hemorragia cerebral sufrida casi diez años antes: Miguel Pimentel y Donaire.

Deseo recordar la personalidad y las actuaciones de un hombre de quien el pasado 25 de junio de 2015 se cumplió el centenario de su muerte, acaecida tras los padecimientos ligados a una hemorragia cerebral sufrida casi diez años antes: Miguel Pimentel y Donaire. Y sirvan estas líneas como modesto recordatorio de su multifacial quehacer y de su íntegra y visceral dedicación a esta tierra extremeña y a sus gentes y como sentido y personal homenaje.

Líneas que redacto en base y con los trabajos de investigación de otra persona que desde la Granada de su residencia, se muestra tan interesada por conocer y servir a “lo extremeño”. Porque la casi exclusiva fuente de información utilizada es el artículo que el Profesor Francisco López Casimiro, entrañable amigo, que con el título “Con ocasión del centenario: Miguel Pimentel y Donaire” publicó en el número II.2015 de la Revista de Estudios Extremeños. En honor a la verdad, esta entrada, amable lector, tiene poco o nada de mi autoría que vaya más allá de una pobre síntesis.

Miguel Pimentel y Donaire fue básicamente un maestro, un maestro que desarrollo sus tareas docentes en la ciudad de Badajoz, a la que llegó con poco más de veinte años desde Capilla, donde había nacido en 1844, en un tiempo complejo para la Extremadura que acababa de pasar por las duras y difíciles realidades ligadas a la que había sido compleja y desastrosa guerra civil, la Primera Guerra Carlista. Pero fue bastante más que un maestro.

En la Escuela Normal de Badajoz se titulo como Maestro Elemental y marchando a Madrid, a finales de 1864, en la Escuela Normal Central, alcanzo el de Maestro de Escuela Superior. Casi de inmediato se ubica en Badajoz dedicándose primero a la enseñanza particular. Y a partir de 1871 a la oficial ya que en ese momento, ganó por oposición la Escuela de Niños del Hospicio, en la que permaneció hasta su jubilación, en marzo de 1915.

La Escuela elemental había sido creada por la Diputación de Badajoz en 1871 y la plaza sacada a oposición fue obtenida por Miguel Pimental, como

maestro titular, y por Loreto Mª Algora y Pontes, como maestro auxiliar. Y al poco, antes de pasados dos años de su funcionamiento, ambos docentes elaboran una extensa y detallada “Memoria” dirigida a la Diputación Provincial, y hecha pública en sendos números -172 y 174, 29 de agosto y 1 de septiembre de 1873- firmada por ambos maestros y fechada el 12 de diciembre de 1872. No puedo extenderme en ni siquiera una primaria y sucinta presentación de un detallado y exhaustivo informe en el que sus autores, después de mostrar e incidir en la importancia de la educación para la prosperidad y el bienestar del país, con la ayuda de numerosos cuadros de la temática presentada, consiguen un bien argumentado y estructurado análisis de la realidad de la escuela elemental de niños que regentaban.

Su actividad docente al frente de sus escuelas, primero privada y más tarde oficial fue importante. Pero no fue su única tarea en defensa de la educación, de la Educación con mayúsculas.

En su tiempo de estudio en la madrileña Normal, debió relacionarse con círculos krausistas, por lo que de inmediato destacó por sus innovadoras ideas, muy avanzadas para una Baja Extremadura quizás demasiado anclada en tiempos e ideas muy pretéritas. Por ello, por ser un pedagogo modernizador, por su admiración y la propagación de las ideas y propuestas de la Institución Libre de Enseñanza, por su acendrada y nunca abandonada defensa de la enseñanza pública, tuvo Miguel Pimentel un gran prestigio.

Su formación y su espíritu inquieto le impulsaron a otras actividades que le proporcionaron una significativa y destacada proyección pública. Fue el autor de varios libros para la utilización por el alumnado y de manuales de legislación educativa destinados a informar y asesorar a los Maestros. Así, participó becado en los Congresos Pedagógicos Nacionales de Madrid, de 1882, de Barcelona en 1888 y al hispano-luso celebrado en Portugal con ocasión del IV Centenario del Descubrimiento de América, interviniendo en los tres con destacadas comunicaciones.

Fue un hombre de activa participación en la vida política, siempre en defensa de sus ideas republicanas, que le llevan a militar primero en el Partido Republicano Progresista y con posterioridad en el Republicano Centralista.

Y más activa fue su trabajo en la prensa, colaborando e interviniendo de forma muy activa en periódicos republicanos y promasónicos como La Crónica, la Región Extremeña y de modo especial en el Diario de Badajoz, iniciativa de los miembros de la logia Pax Augusta, republicanos, masones, y librepensadores, del fue fundador, administrador y al final propietario.

El Diario de Badajoz fue el vehículo difusor de las ideas democráticas, laicistas y librepensadoras así como órgano de expresión del republicanismo federal y coalicionista, y defensor de la federación con Portugal. Y propugnaban la abolición de la pena de muerte, el restablecimiento del sufragio universal y del jurado, la separación de la Iglesia y el Estado y el matrimonio civil. Sin olvidar su defensa de la educación física, de la educación de la mujer y de la enseñanza de la música.

Fueron más allá, ocupados y preocupados por la defensa y la difusión de la necesaria modernización y desarrollo de Extremadura, tema machaconamente presentado, ejemplificado por su interés constante hacia las comunicaciones, de modo especial por el ferrocarril Zafra-Huelva, ya que su puerto sería la salida natural de los productos extremeños.

Además de las precedentes, desarrolló otras actividades periodísticas. Tanto o más importante fue la fundación de El Magisterio Extremeño, que con distintas cabeceras, se publicará durante más de dos décadas. El 14 de julio de 1873 vio la luz el primer número de la revista pedagógica-administrativa de enseñanza, primero decenal y luego semanal, dedicada a la defensa de las escuelas y de los maestros, de la que Miguel Pimentel y Donaire fue fundador, director y propietario. El Dr. López Casimiro informa de alguno de sus redactores: Anselmo Arenas, catedrático del instituto y los maestros Loreto Mª Algora y Pontes y Manuel Sánchez Navarro, todos ellos miembros de la logia masónica. Colaboradores fueron Simón Fons, Luis Oliveros, Cándido Sánchez Bustamante, Luis Codina Saturnino Milego, Matías R. Martínez y Martínez, y Eduardo Lozano, entre otros.

El Magisterio Extremeño fue su gran obra. Un medio moderno de información profesional y de denuncia de las deudas de los Ayuntamientos, que no pagaban a los maestros ya que, como Pimentel manifestó en más de una ocasión, “La educación pública es nuestra función social. Su sostenimiento debe estar a cargo del Estado”. Y fue, sobre todo, vehículo transmisor de las ideas filosóficas y pedagógicas más innovadoras. Como acertadamente ha destacado el Profesor Pecellín Lancharro, “…se trata, probablemente, del órgano de prensa que más contribuyó a difundir ese krausismo difuso del que participaron la mayoría de las mentalidades avanzadas del siglo XIX”.

Una personalidad interesante con unas ideas formuladas en la segunda mitad del siglo XIX, pero de plena vigencia para nuestro tiempo presente. Tan atrayente e interesante como la obra de Walda Lucenqui, su esposa, una excepcional maestra e innovadora pedagoga, que ya intentamos presentar en una pretérita entrada de este blog.

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