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PORTO, OPORTO

07 abril 2017

?¡Si París bien valió una misa, Porto bien vale una visita! Porto, en su denominación portuguesa, el Oporto español...

?¡Si París bien valió una misa, Porto bien vale una visita! Porto, en su denominación portuguesa, el Oporto español, es la segunda ciudad más poblada de Portugal con más de dos millones largos de almas en su Área Metropolitana. Porto, sobre la que se dice posee un aire y un encanto, un modo de entender la vida y unas realidades cotidianas, muy británico, rivaliza en multitud de aspectos con Lisboa. Algo en modo alguno exclusivo de estos lares, una rivalidad presente en muchas parejas de ciudades de cualquier ámbito estatal,…Madrid-Barcelona; Paris-Marsella; Roma-Milán,…


?La sabiduría popular define las realidades estructurales más profundas, el alma de las ciudades. Un refrán popular asegura que “Lisboa diverte-se, Coimbra estuda, Braga reza e o Porto trabalha".
?Porto,…mucho más que un simple puerto. Una denominación bien inserta en los primeros momentos de la formación y de la aparición del que Afonso Henriquez, desde el Condado de Porto Cale, o Condado Portucalense, transformará, allá por 1130, en un Portugal independiente, constituido como la primera Nación, el primer Estado que surgía en la península ibérica.


?Porto, en la margen derecha del Douro, en su llegada al Atlántico. Enfrente, que no enfrentado, Vila Nova de Gaia, asentada sobre la margen izquierda del río. Dos realidades, dos núcleos urbanos, que para el viajero sorprendido parecen constituir única entidad urbana. El Duero separa y el Ponte de Dom Luís I une.
?Porto es una ciudad múltiple y diversa. En la que sus puentes constituyen elementos definidores de un paisaje urbano, de tal forma que el lema utilizado para promocionarse a la capitalidad cultural europea de 2001 fue precisamente Pontes para o futuro. de modo especial ese Puente de Dom Luis, el más conocido y deslumbrante. Seis son los puentes que ornan el Duero a su paso por Porto. Seis puentes, desde el de Freixo, ubicado en el extremo oriental de la ciudad hasta el puente de Arrábida, el de mayor longitud, el más inmediato a la desembocadura del río.


?Porto-Oporto. Un nombre de raigambres heroicas y de ensueños, de quimeras y de fantasías descubridoras da título a esta entrada que desearía a modo de crónica. ¡Qué digo crónica! ¡Ojalá uno tuviera la oportunidad de asistir, cómo espectador asombrado, a unos hechos, por lo que sea, innovadores y extraordinarios, excepcionales y maravillosos, sorprendentes y fabulosos,…que merecieran ser descritos en crónicas imperecederas; unas de esas geniales narraciones a las que siempre habría que echar mano para saber de aquello! ¡Ojalá uno fuera tan hábil en el manejo de las palabras que las pobres líneas mal hilvanadas que es no capaz de mal producir fueran merecedoras de la categoría, histórica o literaria, de Crónica, que se recordarán algo más del momento en que el amable lector pasa sus ojos, distraídos y ausentes, casi sin leer, por la página que acoge mis ideas del momento!
?Escribir, simplemente escribir –y me digo no tengas vanas pretensiones de mocito veinteañero- sobre el puerto es tarea fácil Escribir, desde la orilla misma del mar, sobre el puerto, como dirían algunos de nuestros jóvenes estudiantes, ¡está chupaó. Escribir, sobre y desde una tierra con viejos afanes marineros y colectivos empeños descubridores, es quehacer grato. Pero no quiero hoy escribir sobre o porto; sobre o porto como instalación o sobre o porto pesquero, sobre o porto o sobre deportivo.


?Es mi propósito referirme a lo que los españoles deberíamos denominar El Puerto o para expresado en forma bien conocida por todos, sea en portugués o en castellano, quiero escribir sobre Porto, sobre Oporto, la bella centinela del Duero desembocante en aguas atlánticas, en la que he vuelto a pasar unos días, en la Cidade Invicta, ya que la ciudad y sus gentes resistió, durante las llamadas Guerras Liberales de 1832-1834, el asedio de las tropas absolutistas y contribuyó al triunfo de la futura Doña María II y al triunfo del liberalismo. Porto se mantuvo triunfadora frente a las tropas de D. Miguel, el monarca que buscaba mantener las viejas fórmulas del pasado absolutista. Y así es “Antiga, Mui Nobre, sempre Leal e Invicta Cidade de Porto”
?A orillas del río, a la vera del océano, con su perfil roqueño, granítico y casi austero asomada al río –y creo recordar que así se expresa Rui Velóso en una de sus canciones Oporto- la asemeja y la compara con una bella mujer, fría y distante en apariencia pero sensual y cálida cuando se la conoce. Porto, atrayente en sus ruas más pretéritas, acogedora en sus largos más soleados, protectora en sus amplios espacios verdes, cosmopolita en sus avenidas de corte moderno, diversa toda ella, singular y única, un permanente contraste, un recreo para la vista y un descanso para el pasear tranquilo.
?Siempre tengo en Porto la sensación de encontrarme en una ciudad habitada sólo por ricos, en una capital del dinero, plagada de escondidas riquezas, de las que, sin embargo, todos pueden disponer. Si Lisboa me parece, en su antigüedad señorial que dice la canción, popular -y hasta populachera- tengo en Porto la sensación de hallarme en una ciudad de poderosa afición, y hasta pasión, diría, por los negocios en la que, sin embargo, sus gentes no muestran idéntica solicitud por lo material y demoran su tiempo en las solicitadas atenciones a las necesidades del forastero o abarrotan por largas horas, que deberían ser de actividad productiva y no de ocio enriquecedor y calmo, los cafés y las terrazas, Y permita, amigo, que recomiende una visita, una estancia, sin prisa, devagarinho, en A Brasileira o en O Majestic.
?Recorre la ciudad y admira, sus monumentos, empápate de su historia y de los aconteceres que en ellos se dieron. Pero, sobre todo, siéntate en la terraza o en los salones de una cafetería. Saborear tu café y tu bolo; degusta tu Porto o tu cerveza, pero, además, no pierdas detalle del ambiente, observa a las gentes que te rodea y, sobre todo, mézclate con ellas, charla y conversa con tus vecinos de mesa o con el camarero que te atiende. Así conocerás la verdadera esencia de una ciudad milenaria. Y, tal vez por ello, acogedora y cautivante.
?Pero no es sólo la ciudad. El Douro le presta gran parte de su alma y de su encanto. De ese río que baña sus ribeiras ciudadanas con sus aguas que le llegan desde otros ámbitos peninsulares. Y permite una sugerencia amable lector: intenta viajar, en apacible y gratificante crucero, aguas arriba del Duero. Llega al menos hasta Régua, la que se dice, y lo es, la capital del vino y de las viñas. Y en el navegar por el río, disfruta de la experiencia de contemplar el paso de tu barco por las esclusas de Crestuma, con un desnivel de 14 metros y la más alta de Europa con 36 metros de desnivel, la de Carrapatelo.
?Y regresa a Porto en tren. Y cuando concluyas tu viaje, cuando lo llegues a la Estación de São Bento disfruta con la contemplación de los paneles de azulejos que la adornan y engrandecen. Al salir, te darás de cara con la Iglesia de los Congregados. Y repón fuerzas con una buena cena en los diversos lugares que en sus cercanías hallarás.
?Ya lo había escrito y lo reitero: ¡Si París bien valió una misa, Porto bien vale una visita!

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