La primera vez que cruzas el ecuador para observar estrellas ocurre algo extraño. Sales al exterior esperando encontrar las mismas referencias que te han acompañado toda la vida y, de repente, no están.
Buscas la Osa Mayor. No aparece.
Intentas localizar la Estrella Polar. Tampoco.
Incluso algunas constelaciones familiares parecen haberse desplazado de sitio.
Durante unos minutos tienes la sensación de haber olvidado cómo orientarte bajo las estrellas.
Y entonces empiezan a surgir otras formas. Otras figuras. Otras historias.
Porque el hemisferio...
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