Hubo un tiempo en que mirar hacia arriba y ver la Vía Láctea era normal. No hacía falta viajar al desierto, subir una montaña ni buscar un mapa de contaminación lumínica. Bastaba con salir de casa y levantar la vista. La Vía Láctea formaba parte de la noche cotidiana y las estrellas acompañaban caminos, cosechas, travesías marítimas o historias transmitidas durante generaciones.
Hoy, en cambio, millones de personas viven bajo cielos donde apenas sobreviven unas pocas estrellas brillantes.
La contaminación lumínica se ha convertido...
Ver noticia completa