Cada noche, millones de luces urbanas apagan poco a poco las estrellas. La contaminación lumínica es ya un problema ambiental global que afecta al descanso de las personas, a los ecosistemas y, por supuesto, a quienes miran el cielo con asombro o con telescopio.
Sin embargo, cada vez más comunidades locales —desde pueblos remotos hasta grandes ciudades— están tomando cartas en el asunto. No se trata solo de observatorios o certificaciones, sino de movimientos ciudadanos que impulsan normativas, cambian alumbrados y promueven la educación...
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