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Chicas Induyco: “Lo más fino que nos decían era que nos fuéramos a fregar”

Poca gente sabe que un grupo de mujeres, fueron las primeras en alzar la voz para reivindicar sus derechos como trabajadoras y como mujeres.

Marta Alvarado

14 marzo 2018 | Publicado : 22:06 (14/03/2018) | Actualizado: 01:31 (15/03/2018)

Imagina un mundo en el que tu máxima aspiración es la de cobrar 2000 pesetas por servir en una casa. Imagina un mundo en el que no existen horarios, ni vacaciones, ni convenios laborales. Imagina un mundo en el que porque sí tienes una categoría inferior a la de tus compañeros hombres, por el simple hecho de ser mujer. Imagina un mundo en el que sufres acoso laboral y no puedes hacer nada.

No, no es una distopia de Margaret Atwood, sino cualquier ciudad de una España gris que aguanta los últimos coletazos de la dictadura franquista. 

Ante este panorama, trabajar en una fábrica textil puede parecer una panacea, y más si tienes 17 años. Una fábrica que promete traer la prosperidad a una ciudad de provincias porque daría trabajo a casi 1.000 mujeres.

Todo esto hay que ponerlo la tesitura de que históricamente la mujer no trabajaba fuera de casa, y si lo hacía, era visto como un pequeño complemento, nada importante en comparación con el sueldo del marido, el verdadero cabeza de familia. El que ganaba el pan para sus hijos.
Con este panorama “estas afortunadas trabajadoras”, se atrevían a protestar dentro de la empresa para conseguir mejoras laborales e incluso salían a la calle a exigir sus derechos. Lo mismo no es oro todo lo que reluce... mujeres tenían que ser.

El comienzo

“La situación que generaba la empresa en los puestos de trabajo, las injusticias que veías... te inducían a reclamar tus derechos, tanto como trabajadoras como mujeres”, afirma María Palomo, quien entró a trabajar a la fábrica de Induyco de Cáceres con 17 años. 

Estas jóvenes no sabían nada del movimiento obrero, ni de otros movimientos sociales y mucho menos del feminismo. “Primero protestábamos tal y como nos salía del cuerpo, luego ya nos fuimos organizando”, dice Marcela Talavera.

“Yo recuerdo ir a reuniones clandestinas hasta la legalización de los sindicatos. Nosotras, como jóvenes, comenzamos a relacionarnos con estudiantes para tomar buena nota de lo que estaba pasando y aprender”, sentencia Marcela.

En un principio, se encontraron con cierto paternalismo, pero a base de huelgas de manos caídas, paros, concentraciones y manifestaciones pusieron en jaque en más de una ocasión a todo un gigante del textil. “La gran mayoría éramos mujeres y nos hicimos respetar", señala Asunción Torres, quien entró a trabajar siendo menor de edad.

Las chicas de Induyco eran jóvenes y seguramente inconscientes, pero detectaban las injusticias a la legua, por eso no solo reivindicaban sus derechos, sino que también se unían a otros colectivos. “Cuando nos convocaban, allí estábamos. Punto pelota”, dice María Palomo.

Cabe mencionar que, a pesar de ser una empresa con una gran mayoría de trabajadoras, también había algunos hombres, que rara vez se sumaban a las reivindicaciones. “Ellos tenían el papel de llevar sustentar a la familia. Nuestro trabajo era un mero complemento sin valor”, afirma Petri Piña.

Además, había muchas mujeres con una mentalidad de trabajar hasta casarse. Muchas se fueron, pero otras muchas se quedaron porque pese a que las condiciones laborales no eran las mejores, se empoderaron y descubrieron la libertad que aporta la independencia económica.

Y todo esto además, desde la costura, una profesión tan femenina. Por contradictorio que parezca, un trabajo nada valorado fue lo que les dio fuerza para dar un giro a sus vidas y querer transformar la sociedad.

Por si esto fuera poco, estas chicas no gozaban de la simpatía del barrio donde se encontraba la fábrica, por entonces muy deprimido porque “las veían como unas marquesas”. Por otra parte, en las concentraciones y manifestaciones públicas, lo más fino que les decían era que se fueran a fregar o que si no les daba vergüenza quitar el puesto de trabajo a los hombres, sin olvidar el putas y zorras ¿Cómo se atrevían a protestar?

De igual modo, conviene decir que en Cáceres, al no haber industria, nunca ha había grandes movimientos reivindicativos. Era la primera vez que se veían manifestaciones junto con las de los estudiantes universitarios. “Lo que pasa es que nosotras éramos mujeres trabajadoras ¡Todo un escándalo!” dice María Palomo. Porque “un hombre lucha siempre por el pan de sus hijos ¿pero huelgas de mujeres? Lo nunca visto”, exclama con rotundidad.
Las pequeñas victorias

“Sí, conseguimos muchas cosas porque no teníamos nada. Ahora mismo hay horarios, buen material de trabajo, ayudas para guarderías, para libros escolares... Nos queda luchar a nivel general por unas pensiones dignas, claro”, apunta Marcela. “Es importante decir que nos empezamos a sentir más a gusto porque estábamos respaldadas y protegidas. La unión hace la fuerza y no regalan nada”, explica María Palomo.

Al contrario de lo que se suele ver en el imaginario colectivo, en el que las mujeres no hacemos más que competir entre nosotras, aquí se ve como la unión entre mujeres es un hecho y que es la única forma de avanzar.

“No solo hemos luchado por nosotras, y además masivamente, sino que nos sumamos a todas las causas sociales. El día 17 estaremos con los jubilados para reclamar unas pensiones dignas”, declara Asunción Torres.
Incluso en estos tiempos. “Nuestra fecha clave siempre ha sido el 8 de marzo. También fue muy fuerte la huelga general del 88”, comenta Maribel Mateos.

Respecto a las medidas “anti-crisis” del gobierno de Rajoy, van todas a una: “Con la reforma laboral del gobierno hemos vuelto 30 años atrás. No os podéis imaginar el miedo que hay al despido y hay muchos empresarios que chantajean a los trabajadores”, dice María Palomo.

“Nos han vendido que los empresarios no tendrían tanto reparo a la hora de contratar porque sabían que tienen muchas facilidades a la hora de despedir, que es justo lo que está pasando. Por tanto, los contratos son muy precarios y por horas, en especial para las mujeres”, sentencia Marcela.

“Ha sido todo un logro para ellos porque hay tal miedo que incluso han conseguido poner a la gente en contra de los sindicatos y de los movimientos sociales. Nadie quiere arriesgarse a perder su puesto de trabajo”, dice Esperanza Cortés.

“Han sacado “lo peor de las personas”, recalca María Palomo, sin olvidar que “han marginado la figura del sindicalista en muchas empresas”. Bien es cierto, que la ley protege a la figura del sindicalista, pero también le limita al no poder ascender de puesto. De hecho, apenas se encuentran estas figuras en altos cargos.

Asimismo, opinan que las llamadas reformas han sido especialmente difíciles para las mujeres ya que la brecha salarial está formada por casos reales: siempre es la mujer la que deja el trabajo o se pide una reducción de jornada. “Aún estoy esperando que un compañero se la pida para cuidar de su familia. Siempre somos nosotras”, porque el sueldo del varón siempre es mayor.

De esta manera tan sibilina y socialmente aceptada se empobrece a la mujer porque no es que solo cobre menos en la edad laboral, sino que cotiza menos y, por tanto, cobra una pensión más baja, de ahí la necesidad de una buena Ley de Dependencia.

Lo mismo ocurre con la ley del aborto, “las mujeres sin recursos no podemos abortar, ahora si tienes dinero puedes ir a Londres o a Portugal que no pasa nada”, apuntan todas.

La ilusión y la esperanza

“Estamos muy contentas con el auge del movimiento feminista y disfrutamos mucho con todo lo que pasó el 8 de marzo”, cuenta Petri Piña. “Nosotras siempre hemos luchado por la igualdad en todos los ámbitos y por tanto, somos feministas”, dice Asunción.

“Ha sido una alegría ver a chicas muy jóvenes e incluso a muchos hombres reivindicando una sociedad más justa. Algo va a cambiar”, afirma con una sonrisa María Palomo.

“Tenemos que dejar de criar a machistas y eso pasa porque las mujeres sean independientes y se empoderen”, expresa Marcela. “La clave está en una educación. A las niñas no hay que enseñarlas a ser princesas, sino a que sean independientes”.

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