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“Ahora les toca a ellas": la preocupante brecha en la educación de las niñas refugiadas

ACNUR denuncia que las niñas refugiadas en edad de recibir educación secundaria tienen sólo la mitad de las probabilidades que sus compañeros de sexo

07 marzo 2018 | Publicado : 18:32 (07/03/2018) | Actualizado: 22:54 (08/03/2018)

Esta es la realidad, a pesar de que representan la mitad de la población refugiada en edad escolar, según desvela "Ahora les toca a ellas", un nuevo informe publicado por ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados

El acceso a la educación es un derecho humano fundamental. Sin embargo, para los millones de mujeres y niñas que forman parte de la creciente población refugiada en el mundo, la educación sigue siendo una aspiración en vez de una realidad.

La puerta de entrada a la escuela es mucho más difícil de abrir para los niños y niñas refugiados de todo el mundo que para cualquier otro niño. Y, en el caso de las niñas y adolescentes refugiadas, resulta aún más difícil encontrar – y mantener – una plaza en las aulas. A medida que van creciendo, las niñas refugiadas sufren cada vez más marginación; la brecha de género se amplía al llegar a la educación secundaria.

"Ha llegado el momento de que la comunidad internacional tome conciencia de la injusticia de negar el acceso a la educación a las mujeres y niñas refugiadas", declaró Filippo Grandi, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.

"Estos resultados constituyen una llamada de atención a nivel mundial, y os insto a todos a uniros a nosotros para exigir que 'Ahora les toque a ellas'".

El informe de ACNUR revela que las costumbres socioculturales imponen a menudo que los niños tengan la prioridad sobre las niñas en la escolarización. Las carencias en las infraestructuras, así como la falta de aseos apropiados y artículos para la menstruación, pueden impedir el acceso de las niñas a la escuela. Además, el precio de los libros, de los uniformes y del traslado a la escuela puede resultar prohibitivo para las familias refugiadas.

"Encontrar soluciones para los desafíos a los cuales se enfrentan las niñas refugiadas que se esfuerzan por ir a la escuela requiere acciones concretas en todos los ámbitos: desde los Ministerios nacionales de educación a las instituciones de formación del personal docente, pasando por las comunidades y las aulas", añadió Filippo Grandi. "Hay barreras enormes que superar. Pedimos un esfuerzo internacional para revertir la tendencia".

Para ayudar a más niñas refugiadas a recibir una educación de calidad, el informe de ACNUR propone diferentes acciones y políticas, efectivas y viables al mismo tiempo. Si los adultos refugiados pueden trabajar y mantener a sus familias, también tendrán más posibilidades de dejar que sus hijos vayan a la escuela.

Ninguna niña debería faltar a clase porque el trayecto hasta la escuela sea demasiado largo o peligroso. Las niñas refugiadas necesitan más protección frente al acoso, las agresiones sexuales y los secuestros de camino a la escuela.

También hay necesidad urgente de contratar y formar a más docentes mujeres, tanto de las comunidades de acogida como refugiadas, para asegurar que promuevan buenas prácticas y ayudarlas a prohibir comportamientos que podrían disuadir a las niñas de ir a la escuela.

El informe también demuestra que para las niñas refugiadas una educación de calidad es una herramienta de protección que reduce la vulnerabilidad a la explotación, la violencia sexual y de género, los embarazos en la adolescencia y los matrimonios infantiles. Además, si todas las mujeres tuvieran acceso a educación primaria, descendería el número de muertes infantiles causadas por diarrea, malaria y neumonía.

La educación es también una herramienta de empoderamiento. Cuanto más avancen las niñas en sus estudios, más desarrollarán sus habilidades de liderazgo, emprendeduría, autosuficiencia y resiliencia. Estas ventajas son ilustradas con claridad por las personas entrevistadas en el informe: desde las adolescentes burundesas y ruandesas de la Escuela Paysannat L, situada justo al lado del campamento de refugiados de Mahama, que estudian juntas y se han convertido en grandes amigas, hasta la maestra rohinyá que dedica sus tardes a enseñar a los numerosos recién llegados de su comunidad que han huido de la violencia en Myanmar.

"Si continuamos descuidando la educación de las niñas refugiadas, está claro que las consecuencias tendrán repercusiones negativas en varias generaciones", afirmó Filippo Grandi. "Ha llegado el momento de hacer de la educación de las niñas refugiadas una prioridad".

Tan solo el 61 por ciento de los niños y niñas refugiados tiene acceso a la educación primaria, frente al promedio internacional del 91 por ciento. Respecto a la educación secundaria, tan solo el 23 por ciento de los adolescentes refugiados va a la escuela, en comparación con el 84 por ciento a nivel mundial.

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