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Descenso del Sella con picnic: un día de río como los de antes, pero mejor

El tramo más habitual del descenso comienza en Arriondas y avanza río abajo en dirección a Ribadesella.

Hay planes que no necesitan grandes artificios. Un río, una canoa, buena compañía y algo rico para comer a mitad de camino. El descenso del Sella con picnic es exactamente eso: una experiencia sencilla, pero tan bien pensada que termina convirtiéndose en uno de esos días que recuerdas mucho tiempo después.

En Asturias, el Sella no es solo un río famoso por la Fiesta de las Piraguas. Es un escenario natural que cada verano reúne a familias, parejas y grupos de amigos con una misma idea: pasar el día al aire libre sin complicarse la vida. Y cuando al descenso le sumas una parada para comer tranquilamente en la orilla, el plan gana muchos puntos.

El encanto de dejarse llevar

El tramo más habitual del descenso comienza en Arriondas y avanza río abajo en dirección a Ribadesella. No hace falta experiencia previa. Antes de empezar, te explican lo básico: cómo coger la pala, cómo colocarte en la canoa y qué hacer en los pequeños rápidos. A partir de ahí, el río hace gran parte del trabajo.

Lo bonito del Sella es su equilibrio. No es un recorrido extremo ni exigente, pero tampoco plano y aburrido. Tiene zonas donde la corriente te empuja con suavidad y otras donde el agua se mueve un poco más y te obliga a coordinarte con quien rema contigo. Es divertido sin resultar complicado.

Y lo mejor es que no hay prisa. Cada grupo marca su ritmo. Puedes remar con ganas o simplemente dejarte llevar durante unos metros mientras miras el paisaje. Las montañas verdes, los árboles inclinándose sobre el agua y las pequeñas playas fluviales crean una sensación de desconexión casi inmediata.

El picnic, el momento que lo cambia todo

El descenso del Sella con picnic no es solo una actividad deportiva. Es un plan completo. A mitad del recorrido, cuando el cuerpo empieza a pedir una pausa, llega uno de los mejores momentos del día: parar en una orilla tranquila y sacar la comida.

No es lo mismo comer deprisa en cualquier sitio que hacerlo sentado sobre la grava, con los pies cerca del agua y el sonido constante del río de fondo. Esa pausa obliga a bajar el ritmo. Se comentan los adelantamientos improvisados, las pequeñas “batallas” en los rápidos, las risas cuando la canoa se cruzó más de la cuenta.

Es un momento sencillo, pero tiene algo especial. Te recuerda que no todo tiene que ser correr y hacer fotos. A veces basta con estar ahí, sin más.

Después de comer, el regreso a la canoa se hace con otra energía. Más relajada, más ligera. Y el descenso continúa hasta el punto final elegido, porque otra ventaja del Sella es que permite adaptar la distancia. Si alguien está cansado, existen puntos intermedios donde finalizar la actividad sin necesidad de completar todo el recorrido.

Un plan que encaja con casi cualquiera

Parte del éxito del descenso del Sella es que no excluye a casi nadie. Es habitual ver familias con niños, grupos de amigos celebrando algo o parejas que simplemente querían hacer algo diferente durante sus vacaciones en Asturias.

No necesitas ser deportista ni tener experiencia en kayak. Basta con seguir las indicaciones básicas y llevar el chaleco salvavidas bien colocado. El resto lo pone el entorno.

Para quienes viajan con niños, la experiencia suele ser un acierto. Remar juntos, hacer una parada para bañarse y compartir el picnic crea un recuerdo muy distinto al típico día de playa o parque temático. Aquí no hay pantallas ni horarios estrictos, solo naturaleza y tiempo compartido.

Consejos que marcan la diferencia

Aunque es un plan sencillo, hay pequeños detalles que ayudan a disfrutarlo más.

La ropa debe ser cómoda y pensada para mojarse. El calzado cerrado es importante, sobre todo al entrar y salir de la canoa. Unas gafas de sol bien sujetas y protector solar son imprescindibles en verano. Y llevar una muda seca para cambiarse al terminar se agradece más de lo que parece.

En temporada alta conviene reservar con antelación, especialmente si quieres hacerlo en fin de semana o en pleno agosto. Así evitas esperas innecesarias y puedes organizar el día con tranquilidad.

Y algo fundamental: cuidar el entorno. Recoger los residuos del picnic y respetar las orillas es una responsabilidad compartida. El Sella es parte del patrimonio natural asturiano, y mantenerlo limpio depende también de quienes lo disfrutamos.

Más que remar, una forma de vivir el río

El descenso del Sella con picnic tiene algo que engancha. No es una actividad espectacular en el sentido más extremo de la palabra, pero precisamente ahí está su fuerza. Es accesible, auténtica y profundamente conectada con el paisaje.

Al final del día, cuando te cambias de ropa y notas el cansancio agradable en los brazos, entiendes que no ha sido solo una excursión. Ha sido una jornada completa: movimiento, risas, conversación y naturaleza en estado puro.

En un mundo donde todo parece acelerado, pasar varias horas dejándote llevar por el río, parando a comer sin mirar el reloj y compartiendo el momento con buena compañía es casi un lujo.

Y quizá por eso el descenso del Sella sigue siendo, año tras año, uno de los planes más buscados en Asturias. Porque a veces lo más simple, cuando está bien hecho, es exactamente lo que necesitamos.