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Pier Paolo Álvaro: 'Afrontamos el reto del vestuario de ‘Fedra’ como si fuera una ópera'
Para este diseñador italo-venezolano, afincado en España, 'el vestuario es la identidad del personaje', y añade con orgullo que Mérida 'es como mi casa'.
Junto a Roger Portal, Pier Paolo Álvaro es el responsable del diseño de vestuario en ‘Fedra, en los infiernos’, nuevo estreno del 72º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, que se escenifica en el Teatro Romano de la capital extremeña desde este miércoles, 12 de agosto, al próximo domingo, día 16.
Con más de dos décadas de trayectoria internacional a sus espaldas enfocada en la ópera, el teatro y la moda, este destacado diseñador de vestuario, escenógrafo e ilustrador italo-venezolano -afincado en España-, compagina su labor en las artes escénicas con la alta costura y la dirección de arte.
En una conversación con Regiondigital.com, y ante la atenta mirada del propio Roger Portal, muestra la emoción y los nervios de ambos ante la que es su tercera participación en el laureado certamen emeritense -en 2016 se estrenaron en el mismo con ‘Aquiles, el hombre’ de Roberto Rivera y en 2024 hicieron lo propio con ‘Medusa’ de José María del Castillo-.
Precisamente con este último regresan en esta nueva edición a Mérida, “que es como mi casa”, afirma Pier Paolo Álvaro, quien habla de la importancia que tiene el vestuario para que una obra de teatro llegue el público y para que el propio intérprete o bailarín se sienta cómodo sobre el escenario. Considera un honor vestir a Lydia Bosch de Fedra e invita a “vivir la vida sin culpas”, parafraseando una de las frases de esta obra que, a su entender, “lo define todo”.
¿Cómo les llega el encargo de ser responsables del vestuario en ‘Fedra, en los infiernos’?
Ya habíamos trabajado con José María anteriormente en ‘Medusa’ en el verano de 2024 -protagonizada por Victoria Abril- y en octubre de 2025 nos contactó para ver si retomábamos otra vez la colaboración en otro proyecto que tenía entre manos, ‘Fedra’. Creo que todavía no tenía cerrado el elenco en ese momento, no lo recuerdo. Y empezamos a barajar ideas con el texto que estaba, le faltaba como el final, todavía estaba retocándolo. Teníamos claras algunas ideas y a partir de ahí ya nos pusimos a trabajar.
¿Cuál fue su primera impresión?
Siempre tiene uno un poquito de miedo, sí. Un temor a no cumplir las expectativas del proyecto, pero es normal. Diría que más que un temor, es como nervio. Nervio de que pueda funcionar lo que estás haciendo, lo que estás creando, incluso antes en la preproducción.
¿Cómo afrontan el reto de vestir a un total de 16 intérpretes -entre actores, actrices y bailarines-?
Creo que, en el caso de ‘Fedra’, como si fuera una ópera, igual que fue ‘Medusa’. Lo enfrentas como planificándote con tiempo y con el rigor del trabajo.
Desde que les comunicaron el encargo, ¿cómo ha sido todo el proceso de acometerlo? (elección de materiales, de tejidos, de telas…)
Nosotros nos caracterizamos o intentamos abrir una brecha por allí que es hacer una dramaturgia visual al paralelo con el director. Entonces, comenzamos siempre con un concepto y en este caso fue la geometría del fuego para Fedra, basándonos en el tetraedro que se utiliza en ciencia y que usan mucho los bomberos para controlar o analizar dónde comienza el fuego utilizando los cuatro elementos -combustible, comburente, energía de activación y reacción en cadena-.
Y esto lo trasladamos al interior del cuerpo femenino, de la mujer y en este caso de Fedra, que es cuando la invade Venus, como decía Jean Racine. Es como el deseo, cómo lo controla, si están los cuatro elementos en el caso del tetraedro que fue el que usamos, porque era la reacción en cadena de esos futuribles que se ven en la obra que propone José María. Todo parte de ahí, de esa visión de Fedra en cuatro momentos distintos de su vida y que siempre tiene el mismo final.
Entonces es como que ha combustionado el fuego, pero ahora hay una reacción en cadena porque no puede parar, y en ese caso es el grito que propone también en el texto José María, que es como más llamas, más oxígeno, más fuego… y se extiende en el tiempo como una culpa. Es la famosa frase de ‘vuelvo a la tierra, pero sin la losa de la culpa’.
Y a partir de ahí creamos toda esa imagen que hay geométrica en algunos momentos, donde lo único orgánico son las ‘moiras’ que forman parte del fluido volcánico interno, que se va moviendo -que no vemos-, mezclado con azufre, que es parte del tártaro.
Bajo estas premisas, ¿en qué idea se han basado a la hora de hacer realidad el vestuario?
El vestuario en triángulos y las posibilidades que tienen los triángulos en distintas posiciones. Y entonces eso influye. En el caso de nuestro trabajo, influye en todo, en cómo se proponen los cortes de las prendas, en qué tejidos son necesarios...
Así, por ejemplo, utilizamos los tejidos con aspecto de seda -aunque tienen poliéster y elastano para teatro-, pero tienen brillo de seda, se usaron por el lado mate y por el lado brillante para dar la sensación de movimiento en las figuras escultóricas.
Luego, todo lo que hay en el elenco para todos, que son plisados, era por la estructura de las columnas, porque era la rigidez que tiene la sociedad y la que derriba esas columnas es Fedra cuando aparece vestida de fuego. De hecho, hay un vestido que se llama fuego, que es el del banquete con el que ella baila y es precisamente eso que queríamos proponer: que ella rompe todas esas barreras a través de su fuego interno, de su pasión.
¿Cuánto tiempo les ha llevado crearlo?
Conceptualizarlo, desde ese momento -octubre-, tres meses. Vamos barajando hasta cuando ya tenemos el texto y nos hemos reunido varias veces con el director. Y es que, como decía antes, el vestuario forma parte de una visión en conjunto. Yo tengo que asumir la idea que él nos da, ponerla sobre la mesa y a partir de ahí mirar para poderle dar esa dramaturgia a los elementos escénicos que van a aparecer, en este caso el vestuario, y que tenga ese mensaje que él quiere dar, tanto con el texto como con la dirección.
¿Qué importancia tiene el vestuario en una obra de teatro y en especial en ‘Fedra, en los infiernos’?
En general, el vestuario es la identidad del personaje. Cuando estamos dando clases, siempre hablamos a partir de lo que tenemos, tanto el texto como los actores, y la personalidad que nos ofrece el personaje a nivel psicológico.
Con todo esto, a través de la dramaturgia que se nos entrega en el libreto, pensamos en la silueta que tiene esa persona, para que le aporte al espectáculo, pero también al actor, una identidad con la que pueda jugar, y luego para que sirva en composición en el escenario.
En el caso de Fedra, ¿qué supone para ustedes que una actriz de la talla de Lydia Bosch aparezca sobre la escena con su vestuario?
Por una parte es un honor, porque son personalidades del cine, la televisión y el teatro, y ven la propuesta y la aceptan con determinadas modificaciones, porque claro, los cuerpos son diferentes, la movilidad... Para uno es un honor, porque no quieren cambiar nada, te dicen ‘no, quiero que se vea igual’, ‘quiero verme igual’, o incluso a veces quieren que pongas más a ver cómo funciona. Eso sí ha sido un reto.
Siempre que son personalidades del teatro y con tanto peso en el cine y la televisión, ahí es donde puede venir el temor, no el rechazo, pero sí el respeto. No obstante, siempre escuchamos también, porque nos ha tocado con mucha gente. Escuchamos lo que quieren, eso es importante, verles, conocerles…, porque hay cosas que vemos que no le pueden funcionar, aunque tú quieras que aparezca en el figurín, te das cuenta que no le funciona sobre su cuerpo, y lo eliminas o lo transformas.
También ellos aportan siempre sus ideas y sus necesidades, porque claro, lo importante también es que puedan decir el texto, entonces no puede ser nada que les distraiga, porque le es incómodo o no les gusta. Suele pasar siempre con los zapatos y es lo primero que compramos, o mandamos a fabricar, porque es lo primero que necesitan y comprobar que están cómodos, porque un vestido siempre lo puedes arreglar, lo puedes cortar, lo puedes cambiar, pero un zapato, si estás en escena durante dos horas u hora y media con un zapato incómodo, no haces tu trabajo bien.
Desde un punto de vista más personal, ¿qué supone una vez más -y ya van tres- formar parte del laureado certamen emeritense?
Para nosotros creo que lo importante es que en esta edición cumplíamos diez años desde la primera vez que vinimos. Entonces era como ‘no podemos no ir’… Y bueno, ya nos ha tocado tres veces. Nosotros vinimos hace diez años con ‘Aquiles, el hombre’ y fue una experiencia maravillosa.
A partir de ahí hemos seguido viniendo pero rotados en el tiempo. Y este año ha sido especial por eso, porque eran diez años desde nuestra primera vez en el Festival y también con Fedra, por estar con el proyecto, con Lydia…
Concretamente, a través del vestuario de Fedra, ¿qué mensaje quieren lanzar?
Hay una frase, y creo que es la frase que lo define todo, que es que “hay que vivir la vida sin culpas”. Ya no solo las mujeres, sino en general, que no asumamos culpas que no son nuestras y que no escuchemos, que escuchemos nuestra voz interior y evaluemos lo que tenemos. Como formación en la sociedad en la que está y a partir de ahí vivir con libertad, sin miedo a que digan “soy mayor, no me puedo enamorar de él”, como es el caso de Fedra.
La visión que tengo de Fedra en general, de todas las Fedras que hemos leído, es que está bien desear, no está mal desear, tampoco desear es pecado… Y si eres una mujer madura, entrando en una etapa complicada de tu vida, como puede ser entrar en la menopausia, ves que la vida se te escapa y tu ilusión es alguien más joven, aunque estés enamorada de tu esposo, eso no quiere decir que esté mal.
Al margen de la obra, ¿qué proyectos a corto, medio y largo plazo tienen en mente?
Ya lo podemos decir. Participaremos en la obra teatral ‘¡Chéjov, Chéjov!’ dirigida por Juan Carlos Corazza, con un elenco encabezado por Javier Bardem y Rafa Castejón, que estuvo aquí también en el Festival. Se estrenará por primera vez en el Estudio Corazza para la actuación, en Madrid, que es un pequeño teatro que tienen dentro de la escuela.
Las previas empiezan en octubre y se estrenará el 7 de noviembre. Nos han llamado y nos sentimos afortunados, porque el proyecto es muy bonito y el texto son comedias de Chéjov, como contadas desde una perspectiva actual y están muy interesantes.
¿Con ganas de volver a Mérida el día de mañana?
Yo espero. A mí me gusta venir todos los años. Es como mi casa y aparte que me gusta Extremadura. Siempre lo cuento… los proyectos así como más importantes que han movido nuestras carreras al lugar donde estamos -nos han puesto en la carretera- han sido con Extremadura. Nuestro primer cortometraje nominado a los Premios Goya, nuestro segundo cortometraje nominado a los Premios Goya, hemos participado los equipos, haciendo vestuario y dirección de arte. Y nuestro primer trabajo de teatro grande, con mucho trabajo y haciendo teatro, teatro, ha sido con Mérida.