Mérida
En Mérida, Movimiento Mujeres Migrantes reclama mejoras para empleadas hogar y de cuidados
Personas se ha concentrado para reclamar mejores condiciones laborales y salarios 'dignos' al colectivo de las empleadas del hogar y los cuidados.
Convocadas por el Movimiento de Mujeres Migrantes de Extremadura, se han concentrado en la Plaza de España con una pancarta con el lema 'Todos los derechos, para todas la mujeres, incluidas las mujeres migrantes'.
Asimismo, se ha leído el manifiesto por el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar y los Cuidados, que se celebra este 30 de marzo, con el que reclaman empleo justo y salarios dignos.
El manifiesto ofrece, con datos, una radiografía de un sector que continúa estando muy feminizado en España, pues más del 78% de las personas que trabajan en este sector son mujeres.
En el caso del el empleo doméstico, la cifra supera el 95% son mujeres, y de ellas, casi la mitad son migrantes.
El texto añade que "el sistema de cuidados en España se sostiene, en gran medida, sobre una división racializada del trabajo: mujeres migrantes que cuidan, limpian, acompañan y sostienen la vida cotidiana, mientras enfrentan mayores niveles de precariedad, menor reconocimiento y más barreras para acceder a otros empleos".
Estas trabajadoras del hogar denuncian "jornadas largas, falta de inspecciones laborales en domicilios, tareas no reconocidas y, en muchos casos, ausencia de derechos básicos", añadiendo que, especialmente, en el trabajo interno, esto se traduce en "disponibilidad casi total, aislamiento y vulnerabilidad frente a abusos".
El manifiesto también sostiene que "descolonizar" los cuidados implica redistribuirlos, entre hombres y mujeres, por un lado, y entre el Estado, el mercado y la comunidad, por otro.
Junto con ello, implica reconocer que el cuidado es "un derecho colectivo, no una responsabilidad individual impuesta a unas pocas", así como "dignificar el trabajo del hogar con derechos laborales reales, con protección social, con reconocimiento político y simbólico".
Y, sobre todo, concluye, implica cambiar la pregunta: "no solo quién cuida, sino en qué condiciones, y a costa de qué vidas", porque poner la vida en el centro no puede significar "poner a unas vidas al servicio de otras".