Mérida
Sergio Mur: “Actuar en Mérida es recoger un testigo de generaciones de artistas'
“Lo primero que hice nada más llegar al Teatro Romano, en vez de irme por detrás, me fui al escenario, pisé, y dije: ‘Uy, este sitio es para mí'.
Sergio Mur López (Madrid, 23 de mayo de 1977) está siendo toda una revelación en ‘Salomé’, uno de los siete estrenos absolutos de la 69ª edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, que se puede contemplar desde el pasado 9 de agosto sobre la arena del Teatro Romano de la capital extremeña en un total de 10 funciones hasta el próximo día 20.
En su papel de Sirio, envuelve al público con sus movimientos, su corporalidad y su voz. A veces es como si en vez de andar, fuera danzando sutilmente de puntillas, un efecto que se consigue también gracias al vestuario de faldas y enaguas con el que Magüi Mira -directora de la obra y artífice del texto de esta versión- le ha forjado su personaje como “voz de la conciencia” en este clásico de Oscar Wilde. Y lo ha hecho tomando como referencia el nombre de una estrella que aparece cuando se inicia la primavera.
En la que es su primera vez en el que es considerado como el evento más importante del verano cultural en España, Belén Rueda, Luisa Martín, Juan Fernández y Pablo Puyol, entre otros, acompañan al actor madrileño en esta producción del propio Festival y Pentación Espectáculos, a la que llega después de muchos intentos fallidos. Lo hace con enorme ilusión y con el deseo, más que de conseguir un éxito abrumador, de disfrutar al máximo sobre el escenario, porque “a lo mejor no vuelvo a subirme nunca”.
En una conversación con Regiondigital.com, Sergio explica cómo llegó este papel a sus manos desde que contactó con él la propia Magüi Mira, la forma en la que ha tenido que preparar su personaje -tomando incluso a ángeles como referencias-, así como el tiempo de ensayos que han necesitado para hacer posible este “viaje”. También narra lo que ha supuesto para él llegar, por fin, al Festival de Mérida, lo que supone actuar en un escenario tan “colosal” como el Teatro Romano de la capital extremeña y ensalza la sensación de “tener al público totalmente conectado” cuando están representando la función.
De cara a su futuro más inmediato, el intérprete también adelanta sus planes entre los que se encuentra una larga gira de ‘Salomé’ que le llevará por toda la geografía española hasta mediados del 2024, su papel de Iván en la recientemente estrenada temporada de ‘Amar es para siempre’, con la que se despide la serie más longeva de la televisión, y un más que probable viaje a México para rodar una película.
¿Cómo es tu personaje de Sirio en ‘Salomé’?, ¿qué destacarías de él?
Sirio es una creación muy personal de Magüi. Es un personaje que existe en la ‘Salomé’ que todos tenemos en la cabeza, que es la de Oscar Wilde, pero ahí es un personaje muy pequeñito… Se llama el joven sirio, es un enamorado de Salomé que se acaba suicidando por despecho, porque no es correspondido y muere al principio de la obra.
El personaje como tal, el concepto de sirio a Magüi le gustaba, pero tal y como me lo hizo saber, no le veía mayor desarrollo en la versión que ella quería hacer, era un personaje que se quedaba muy corto en ese texto de Óscar Wilde. No quería perderlo, pero no sabía bien qué rol darle y el joven sirio no le funcionaba. Y buscando, encontró algo que le pareció de esas cosas geniales, que de pronto aparecen y que es como una madeja de la que agarras un hilito y empiezas a tirar, a tirar y a tirar… hasta que encontró que Sirio es el nombre de una estrella que aparece cuando inicia la primavera y toda una simbología.
Y a partir de ahí creó un personaje. Ella me decía en los ensayos ‘no eres nadie, eres energía, eres luz…’ y yo le decía ‘bueno, ¿y esto yo cómo lo hago?’. Es una especie de narrador, la voz de la conciencia, una voz interior, es ese reflejo, ese espejo que se te pone delante y le dice al espectador… porque al final el Palacio de Herodes, lo que estamos viendo en esa Judea que representamos, es un poco el mundo, con todas sus miserias, con toda su vertiente heroica, con cómo funcionan estos personajes por sus pasiones… un tanto narcisistas y la deriva.
E incluso vemos a un Juan Bautista que reclama cosas justas para las personas menos favorecidas y también lo hace desde la violencia como cuando dice ‘vamos a quemar este palacio’. Al final, el personaje de Sirio lo que hace es un poco confrontar, interpelar un poco al público, y decirle ‘bueno ¿qué?, ¿esto es lo que queremos?, ¿esto es lo que vamos a hacer?’. Hay un momento que le dice al público: ‘tanto dolor sin sentido, pobre planeta tierra, ¿qué vais a hacer de él?’.
¿Cómo se prepara un personaje así?
Cuando empecé no sabía ni por dónde empezar, es cierto que yo creo que un porcentaje muy importante de esto que hemos construido lo tiene Helena Sanchís que es la creadora del vestuario. Cuando hice la primera prueba de vestuario en Cornejo ya me probé con otras cosas más lo que llevo en escena -la falda y las enaguas- y ahí empecé a entender un poco esta especie como de ser un tanto andrógino, en el que jugamos con algo asexuado, pero lo hacemos también con un contraste, con mi masculinidad, con mi barba, con mi fisicidad, pero luego con una indumentaria que evoca algo muy femenino. Jugamos con un contraste, buscamos eso, que la gente no lo tenga bien claro, porque es un personaje que no es mujer.
Magüi me ayudó mucho, de hecho, tengo un álbum en el teléfono con arcángeles de Salomé. Me empezó a mandar dibujos, frisos, estatuas, representaciones… que a ella le inspiraban sobre por dónde veía que podíamos llevar a Sirio. Y sobre la falda que yo no la pude usar en los ensayos porque había que confeccionarla, yo me preguntaba ‘¿cómo me muevo yo con esto?’… Y al día siguiente, gracias al equipo de Pentación que es ‘mega práctico’, ya tenía una falda de tubo muy graciosa, que luego abrimos por los laterales, para que yo me pudiera manejar. Era como hawaiana y no tenía nada que ver, pero a mí me sirvió muchísimo para empezar a movilizarme de una determinada manera en escena.
Eso, con los ángeles, que me llevaron a una expresividad de manos, corporalidad, de cómo me comportaba, de cómo hablaba, de cómo ocupaba el espacio y la manera de andar, que fue lo primero que me vino. Ella me decía… ‘te deslizas como la luz por la escena, eres una energía que fluye, que no eres pesado, no tienes peso porque no arrastras la mochila que llevan los seres humanos…’. De hecho, hay cosas muy interesantes en el texto, no sé si el espectador las recibe, pero para uno avezado en teatro las agarrará. Hay momentos donde mi personaje habla de más allá de lo que está ocurriendo en escena, incluso de mucho más allá, quiero decir, en unos primeros textos hablo de ‘allí y entonces’ o de ‘aquí y ahora’.
Es como que todo el rato salta de aquí y ahora, me estoy refiriendo a vosotros que estáis ahí sentados, al allí y entonces en la Judea de Herodes. Hay un momento en el que yo digo ‘Herodes lo hizo y acabó en Hispania, Calígula lo desterró al confín del Mediterráneo’, y eso pasa mucho tiempo después de lo que a continuación va a ver el espectador en la obra. Lo que estoy haciendo es un salto temporal enorme. Ese tipo de guiños a la temporalidad, a los procesos históricos, me parecen muy interesantes del personaje y muy bonitos.
¿Cómo te llegó este personaje?
Este personaje ha sido como la concreción de una serie de momentos inconclusos que no se dieron, sobre todo con Pentación, con Jesús Cimarro, en los que hubo algunos momentos en los que hubo proyectos que estuvieron por salir y que no se concretaron. Y había las ganas, yo tenía las ganas de trabajar, tenía las ganas de estar en Mérida, como actor, como experiencia personal, para mí era importante. Creo que es heredar algo, un legado, recoger un testigo de generaciones y generaciones a lo largo de los siglos de personas, actores y artistas que se suben a unas tablas para contar historias sobre el ser humano y sobre nuestras pasiones y necesidades.
Entonces había una serie de factores, pero mi representante, Ramón Pilacés, seguro que también ha estado muy pesado e insistente, y estábamos ahí. Se intentó y se intentó y al final apareció este proyecto de Magüi, apareció un personaje que requería también de una serie de componentes que en un momento dado Magüi entendió que yo podía tener y atesorar de alguna manera. Tuve un café de tres horas con ella en enero, hablamos, me contó, me vio, me percibió, y luego me escribió y me dijo ‘tus manos, tu manera de hablar, tu voz…’ Buscaban un narrador, había una serie de características que yo en ese momento desconocía y así se concretó.
¿Cuánto tiempo de ensayos habéis necesitado?
Llevamos cerca de dos meses ensayando, el trabajo ha sido intenso, muy bonito, un viaje… Yo se lo agradezco a Magüi, de corazón, desde el primer café se lo dije, porque no es tan fácil poder estar en proyectos donde lo creativo, lo artístico, esté en primer plano y es tremendamente estimulante.
Ensayos en Madrid, pero ¿qué supuso para ti pisar la arena del Teatro Romano de Mérida en el primer ensayo?
Yo había venido como espectador, reconozco que la percepción fue totalmente diferente. Como espectador pensé que era gigantesco, yo cuando me senté y vi aquellas columnas, la gente y tal, dije: ‘¡madre mía!’. Y desde arriba, yo hay un momento en que digo ‘un pueblo valiente, culto, ambicioso, que disfrutaba con el teatro, con la música’, y me giro y lo veo, y digo ‘¡esto es enorme, es monumental!’.
Pero en la mayor parte del tiempo estás a la gente, entonces no eres realmente tan consciente de la cosa inmensa que tienes detrás… de la estructura colosal que te acompaña y que claro que la gente te fusiona con todo eso, de alguna manera, y en ese sentido me ha cambiado mucho la percepción. Creo que hubo algo que a veces ocurre de ‘feeling’, que te pasa para bien y a veces para mal, lo primero que hice nada más llegar, en vez de irme por detrás, me fui al escenario, y no sé, pisé, y dije: ‘Uy, este sitio es para mí, esto está bien’.
¿Y llegó el día del estreno y…?
Pues pasó de todo, porque habíamos tenido dos ensayos generales buenísimos, en los que no había ocurrido ningún problema. Llegó el día del estreno, con muchas ganas, yo tenía muchas ganas de hacerlo, de pasar el momento, también de concederme la oportunidad de disfrutar, que para mí era como mi gran objetivo. Disfrutarlo porque voy a estar diez días ahí subido y a lo mejor no vuelvo a subirme nunca.
Entonces más allá de triunfar, de que guste… todo eso al final es secundario. Tengo veintitantos años de carrera profesional y los he podido hacer sin subirme a este escenario, ahora tengo la oportunidad de subirme, por lo tanto, el objetivo no es tanto lo que me reporte, sino disfrutar de este momento. Eso que decía antes del legado, del testigo de otras generaciones de personas que han decidido dedicarse a lo que yo he decidido dedicarme. Eso parece que me vincula, de alguna manera, con ese lugar.
El día del estreno estaba todo eso, evidentemente, y nos pasó de todo. Para empezar, a cinco minutos de empezar, mi micrófono murió totalmente, no en plan ‘hay que cambiar las pilas de la petaca’. ‘¡Dios, no puede ser!’… mi vestuario es bastante complejo, a mí me tienen que ayudar a vestirme… aparte de que voy totalmente desnudo y tiene su complejidad, tiene que ir todo por debajo de todas las enaguas, no va por fuera. Así que se retrasó cinco minutos, el equipo de sonido fue fantástico… el tener a gente al lado que en un momento de tensión y de incertidumbre, te diga ‘esto nosotros lo sabemos hacer, tranquilo que tú vas a salir y se te va a oír’. Y es que me tuvieron que quitar todo.
Además, yo llevo un postizo en mi pelo, el micro va engarzado al pelo con un montón de horquillas y esparadrapos para fijarlo, es decir, lleva un proceso y había que quitarlo todo, con una ropa super compleja que es difícil de quitarla y me la tienen que ir abrochando. De hecho, hay una persona, la sastra Claudia (Botero), que se dedica a ello, entre otras funciones. En fin, una locura, me lo pusieron, me lo hicieron, yo respiraba y me decía ‘olvídate y céntrate en lo que tienes que hacer’. Lo cierto es que cuando empecé a andar por el escenario me pregunté: ‘¿se me oirá o no se me oirá?’.
Encima soy yo el que abre la función hablando. A mí hay una palabra que me gusta mucho como actor y que le agradezco a Rubén Ochandiano, porque se la robé a él, que es ‘surco’. Me refiero a hacer un trabajo durante los ensayos tan profundo, que esté tan solidificado que incluso cuando tu cabeza se va, eso está ahí y sigue solo. Eso unido a una cosa que le robo también a Magüi y me la hago mía, que es una memoria que va más allá de la memoria literal del texto que dices y habla de memoria física, incluso corpórea, que es que el texto va ligado a una fisicidad, a una movilidad, a una expresión. Es una sola cosa, es mucho más que una memoria de que me aprendo unas líneas y las digo con sentido. Yo cuando digo ‘allí y entonces’ o ‘aquí y ahora’, mi memoria va con todo el movimiento.
Eso sentí en un momento dado, ahí en ese inicio que estaba. Porque hubo un momento en que llevas dos micros, uno de seguridad y uno principal, y yo noté en el oído que tenían que hacer un pequeño ajuste en directo, porque habíamos hecho una prueba de sonido con otro micro, que aunque era el mismo modelo, siempre hay que verlo. Y recuerdo que a mí se me dilató el tiempo en ese momento delante de casi 3.000 personas, y de pronto mi cabeza dijo ‘estoy aquí, se me está oyendo, no…’.
En ese instante que para mí fue largo, yo seguía hablando, yo seguía contando todo el primer discurso de Sirio, y en un momento dado -a lo mejor es nada- para mí fue tiempo en mi cabeza, volví otra vez, y me dije ‘tranquilo’ porque hay algo, hay un trabajo hecho que está. Y es que en esos momentos te puedes ir totalmente, y de pronto preguntarte ¿dónde estabas?... son muchos factores. Sé que no se notó nada, no tuve un momento de conciencia de irme, fue un momento como que lo sentí y dije ‘soy capaz de estar aquí’, aparte de que me sentí especialmente bien.
De hecho, fui capaz de escuchar a Félix (Botana) -técnico de sonido- haciendo un pequeño ajuste que sí que lo hizo, de tomar también conciencia, porque hay unos segundos en los que inevitablemente, aunque hayas el hecho ensayo general ante 100 personas, la primera vez que te plantas. Además, cuando tienes una escena en la que le hablas a la gente, al final a cualquiera que dé una charla o un discurso, hay un momento que estás mirando a la gente, y dices ‘aquí estoy, les voy a contar esta historia a esta gente’… había un silencio que me parecía hasta estimulante.
¿Impone?
A mí me gusta, porque además lo hemos hablado con Magüi, de hecho ella lo dijo después del estreno: sí a todos los aplausos, a las risas…, pero sí grande a los momentos de silencio, porque ahí es de verdad; porque el aplauso al final es fantástico, pero digamos que son cosas que se pueden conseguir de una manera más efectista en un momento dado, que uno conoce cuando crea un espectáculo.
Probablemente aquí va a haber un tema musical, después de… hay algunos momentos que uno sabe que a lo mejor puede conseguir reacciones… pero cuando la obra baja, cuando se pone más íntima, cuando su discurso te entra desde otro lugar, si hay silencio, si la gente está ahí, si la gente no enciende el teléfono, si la gente no habla con el otro, ahí es cuándo dices: ‘los tenemos’.
¿Crees que el silencio del Teatro Romano de Mérida es diferente al silencio de cualquier otro teatro?... porque la gente siempre habla de la acústica del Teatro Romano, pero nunca de su silencio…
No lo sé si por el espacio, creo más bien que en este caso concreto de ‘Salomé’, nuestro montaje, yo he percibido que la gente está conectada. Y no siempre en todos los montajes que he hecho en mi vida he tenido esa percepción. A veces notas que no y las funciones que llevamos, yo he notado que la gente está muy conectada.
El estreno fue fantástico, pero en realidad siempre ocurre algo y es que el público también sabe que está en el estreno, y también hay como mucha formalidad, autoridades y está un poquito más como compuesto… ‘no voy a salirme’, si te apetece reírte, igual te ríes de una manera más moderada… Todo se contiene un poquito más porque hay gente importante, es un momento más institucional. En cambio ya, en cuanto pasa ese día, la gente se siente más libre a la hora de poder participar y de reaccionar, y eso también lo percibes.
Es una función muy receptiva por parte del público, al igual que el estreno, pero quizás con más libertad todavía, en todas he tenido la misma sensación. Y es que todo el final que es emotivo, no sé si para que alguien se emocione, que también, pero desde luego para que llegue el mensaje de Magüi ahí, lo que quiere ella contar acerca de ese tiempo nuevo. Y había un silencio… Yo en los textos finales cuando digo ‘este planeta tierra sigue girando y los hebreos expulsaron a los romanos, y Roma volvió sin piedad, sin razón’… la gente está ahí, la noto.
De cara a las representaciones que quedan, pese a que las previsiones son de lleno, ¿qué mensaje lanzarías al público para que se acerque a ver ‘Salomé’?
Con humildad les diría que se animen a venir, podemos decir que es un espectáculo con el que la gente disfruta, nosotros también lo disfrutamos, creo que es interesante porque da un paso más allá de un texto clásico. Salomé es una historia, está en la Biblia, en la obra de Wilde y más que menos, casi todo el mundo sabe de qué va la historia y qué ocurre -la cabeza del Bautista, la danza de los siete velos, Herodes…- Más o menos tú sabes de qué va la historia, pero lo que ha hecho Magüi en esta construcción, en esta dramaturgia, es aportar un punto de vista. Y creo que ese punto de vista es interesante y le da un sentido también a esta Salomé.
Unido a que creo que es una representación estéticamente muy exquisita, de una belleza extraordinaria, con una música muy bonita, con unas luces preciosas. Quiero decir que hay desde luego un guiño y un gesto de amor absoluto al teatro y al teatro bonito, al teatro bello, a la belleza teatral, escénica… Creo que el espectáculo, aunque no lo escucharas, es bonito solo de poder ver la escenografía… esas mesas, esos bodegones, con cientos de piezas de fruta, de comida que hay… De hecho, Magüi también trabaja mucho con imágenes durante el montaje, imágenes que luego se queden en el interior de cada espectador. Hay mucho en este espectáculo que merece verse.
Después de estrenarse en Mérida, ¿‘Salomé’ va a poder seguir viéndose por otros puntos del país?
Es un espectáculo muy agradecido, porque Mérida en sí ya merece la pena. Pero normalmente la gente viene una semana y son espectáculos que vienen para hacer Mérida y a lo mejor no tienen una continuidad. Este espectáculo y esta apuesta de Jesús Cimarro y de Pentación nos da una oportunidad maravillosa de darlo a conocer por toda España. El espectáculo estará dos semanas aquí en Mérida, lo cual es un privilegio porque la mayoría viene para cinco días. Luego nos vamos a San Javier y después a Sagunto.
A finales de agosto paramos y en enero empezamos gira por toda España. Tenemos una gira muy bonita, lo digo con gusto, porque normalmente las plazas suelen ir un día o dos, que también está bien. De hecho, en ésta tenemos un día o dos en algunas, pero en algunos otros sitios vamos a estar tiempo, como es el caso de Barcelona o Valencia, ciudades muy interesantes con teatros maravillosos. Así que poder estar un tiempo allí y poder estar más allá de un día creo que también es una experiencia muy apetecible, porque hacía tiempo que no hacía una gira así.
Estaremos ahí no sé cuánto tiempo, por lo menos, seguro, seguro, medio año del 2024, porque ya lo tenemos bastante armado y con ganas también de ver cómo luego respira el espectáculo por otros lugares y en otros teatros.
Aparte de esta obra, ahora te podemos ver a diario en la última temporada de la serie ‘Amar es para siempre’… ¿proyectos de futuro de cara a lo que resta del año?
Ahora mismo está ‘Amar’, que ha sido un viaje maravilloso, la verdad, y cuyas grabaciones están cerquita de terminar. Ha sido sorprendentemente agradable, no porque no me esperara que lo fuera, porque conocía mucho a la gente que lo hacía y sabía que era una serie de muchísima calidad. De manera muy coloquial, ‘Amar’ es el ‘Ferrari’ de las series diarias, es una serie que tiene un formato diario, que implica unos tiempos inevitablemente. No es cuestión de ningún tipo de juicio, ni de valoración, ni de comparación, las diarias requieren hacer unos minutos al día de ficción y una serie que en cinco o cuatro meses hace ocho capítulos, pues requiere hacer otros minutos al día y eso implica tiempo.
Dentro del formato que tiene es una serie hecha con una calidad exquisita y está muy bien hecha y muy bien dirigida. Saben hacerlo muy bien, se nota que llevan 18 años haciéndola. Yo cuando llegué dije ‘esta gente lo tiene controladísimo todo’. Me sorprendió para muy bien y realmente la experiencia ha sido muy gratificante, muchísimo. Estoy encantadísimo y por lo que me han transmitido, ellos también. El equipo con el que estuve a nivel artístico en todo lo que es el ‘Kings’, que es mi trama, la disfrutamos muchísimo. Estamos muy contentos también porque las audiencias están respondiendo muy bien.
Al final, es un privilegio estar en la última temporada de ‘Amar’, que es muy especial, diferente a las anteriores, más corta, más intensa, más concreta… En las diarias siempre uno puede tener la sensación de que las cosas, por el tipo de formato, digamos que si te pierdes un capítulo puedes seguir la trama, que no sea ‘uy, ya no me entero de nada’… tienen algo de que las cosas se van como dosificando, recontando y en ésta está ese formato, pero está todo muy condensado, todo ocurre a un ritmo importante. Y ha sido un viaje hermoso y muy bonito para mí.
Además, recuerdo una cosa súper bella, y es que hicieron con Jaume Banacolocha, que es el CEO de Diagonal TV, y con Eduardo Casanova que es el director de la serie, una especie de reunión al principio de la grabación de esta temporada y allí estaban José Antonio Sayagués (Pelayo), Itziar Miranda (Manolita) y Manu Baqueiro (Marcelino), toda la gente… Y ellos compartieron a nivel personal lo que habían supuesto 18 años en la serie, y realmente me resultó emocionante, porque tienen historias personales muy significativas, muy emocionales, muy estimulantes, de gente que les ha cambiado la vida, que tienen un vínculo, que han crecido y que se han hecho allí también. Es historia de la televisión.
También, al margen de ‘Amar’, es posible que me vaya a rodar algo a México en el hueco que tengo entre el final de Sagunto y en enero volver con ‘Salomé’. Sí que quiero hacer la gira y en principio sería esto de México, que probablemente me vaya a grabar a Ciudad de México. Luego volveré, haré la gira y ya veremos.