Extremadura

Por qué las casas antiguas de Extremadura muestran la humedad en invierno

En Badajoz, el aire de diciembre es casi el doble de húmedo que el de julio.

En verano, la pared de una casa antigua extremeña parece sana. Llega noviembre, vuelven la lluvia y las nieblas de las vegas, y la mancha del zócalo empieza a subir. No es que el problema aparezca en invierno: es que en invierno deja de esconderse.

Un clima de dos estaciones para los muros

Los valores climatológicos normales de AEMET para el observatorio de Badajoz (serie 1981-2010) dibujan dos años distintos dentro del mismo. En julio caen 4 litros por metro cuadrado y la humedad relativa media es del 48 %. En diciembre caen 69 litros y la humedad sube al 82 %. Entre octubre y diciembre se recogen 195 de los 447 litros del año, el 44 %.

En Cáceres el patrón es el mismo: el 44 % de la lluvia anual cae en esos tres meses, y la humedad relativa pasa del 37 % de julio al 80 % de diciembre. A eso se suma la niebla. Badajoz registra una media de 39 días de niebla al año, 18 de ellos entre diciembre y enero, más del doble que Madrid.

Muros que se secan en verano y se mojan en invierno

Foto: Muro interior de piedra revocado con cal en una casa antigua, con una línea de humedad a media altura y salitre blanco por debajo

Buena parte de las casas tradicionales de los pueblos extremeños se levantaron con muros gruesos de piedra, adobe o tapial, asentados directamente sobre el terreno y sin ninguna barrera que corte el paso del agua. Esos materiales son porosos: absorben la humedad del suelo y la hacen subir por capilaridad, igual que una mecha.

Hasta dónde sube esa humedad depende de un equilibrio. Por abajo entra agua del terreno; por la superficie del muro se evapora. En julio, con el aire seco y el sol a pleno, la pared evapora casi todo lo que absorbe y la mancha se queda baja o desaparece. En invierno ocurre lo contrario: el terreno está más cargado de agua, el aire está cerca de la saturación y la evaporación se frena. La humedad sube más, y con ella aparecen el salitre, la cal que se desconcha y el olor a cerrado.

Cómo saber si es capilaridad La mancha nace en el suelo y forma una franja más o menos horizontal, con un borde ondulado. Hay salitre (polvo blanco) y la pintura o la cal se desprenden por debajo de esa línea. Sube en invierno y baja en verano, sin relación directa con un episodio concreto de lluvia. Afecta a muros en contacto con el terreno, tanto interiores como de fachada, y casi nunca al techo.

Si la mancha está en la parte alta de las paredes, en esquinas del techo o detrás de los muebles, lo más probable es que sea condensación, que tiene otra causa y otro tratamiento. En esta guía se explica con detalle cómo distinguir la capilaridad de una condensación o una filtración.

Lo que no conviene hacer

El error más frecuente en una casa antigua es intentar cerrar el muro. Un revoco de cemento o una pintura plástica impermeable sobre piedra, adobe o tapial impiden que la pared respire: el agua que sube del suelo ya no puede evaporarse por esa cara y busca salida más arriba. La mancha no desaparece, se desplaza, y las sales se acumulan detrás del revestimiento hasta que lo hacen saltar. En estas construcciones funcionan mejor los morteros de cal y las pinturas transpirables, que dejan salir la humedad en lugar de atraparla.

Tampoco sirve de mucho picar y volver a enlucir cada otoño si no se actúa sobre el origen. La solución pasa por cortar o reducir la entrada de agua desde el terreno, mejorar el drenaje alrededor de la casa y, según el caso, aplicar un tratamiento específico contra la capilaridad.

Antes de contratar

Los tratamientos para la humedad por capilaridad son muy distintos entre sí en eficacia y en precio, y conviene desconfiar de quien proponga una solución sin haber medido antes. Portales especializados como Humedades.com reúnen empresas por provincia y explican cada tipo de humedad, lo que ayuda a llegar a la visita con las preguntas adecuadas: qué se ha medido, a qué altura llega la humedad, qué sistema se propone y con qué garantía.

En Extremadura, el verano seca las paredes y el invierno las delata. Noviembre, con la mancha recién aparecida, es el mejor momento para mirarla con calma y averiguar de dónde viene.