Cultura

Dos gárgolas de cerámica vidriadas del Palacio Veletas se unen a colección Museo Cáceres

Guardan relación directa con las dimensiones del edificio, y que, además de una función estética, fueron diseñadas para la evacuación de las aguas.

La Dirección General de Patrimonio Cultural y Documental ha invertido 4.900 euros en la restauración de dos gárgolas de cerámica vidriada del siglo XVIII que formaban parte del Palacio de las Veletas de Cáceres, y que pasan a forman parte de la colección permanente del Museo Arqueológico Provincial de la capital cacereña.

Concretamente, las actuaciones se han centrado en la limpieza y restauración de las dos piezas, instaladas en el exterior y que se habían deteriorado como consecuencia de la acción meteorológica.

Así lo ha subrayado este lunes la directora general de Patrimonio Cultural y Documental, Adela Rueda, durante la presentación de las restauraciones llevadas a cabo, en la que ha estado acompañada por la directora del Museo de Cáceres, Raquel Preciado.

Precisamente, la responsable ha mostrado su satisfacción por la incorporación de estas dos representaciones de seres mitológicos, dos gárgolas cerámicas del siglo XVIII que no siempre se pueden apreciar desde tan cerca y con tanto detalle, ya que tenían una concepción arquitectónica, para aliviar agua desde el tejado hacia el exterior, y que son de una belleza extraordinaria.

Se trata de dos piezas de cerámica vidriada con formas zoomórficas del Cáceres menos conocido y que ahora pasan a formar parte de la colección del Museo, ha añadido Adela Rueda, al tiempo que ha destacado el esfuerzo que está llevando a cabo la propia Dirección General para aumentar esta colección. "El patrimonio vuelve a casa", ha concluido.

Por su parte, la directora del Museo ha destacado la trayectoria del Museo en el último año, y ha destacado algunas de las últimas incorporaciones que se han añadido a la colección permanente del Museo, entre las que ha destacado los dos verracos, el Pendón de San Jorge y el Mascarón del Jardín, además de la obra de Genín Andrada.

A todo este patrimonio se añaden las dos gárgolas, procedentes de la propia Casa de las Veletas, piezas que enriquecen el discurso expositivo del centro museístico, ha apuntado Preciados, que ha precisado que se trata de dos de las diecisiete gárgolas originales del siglo XVIII que se encontraban en la crestería de la propia Casa de las Veletas.

LAS PIEZAS Y SU RESTAURACIÓN

En concreto, se trata de dos piezas de unas dimensiones similares, que guardan relación directa con las dimensiones del edificio, y que, además de una función estética, fueron diseñadas para la evacuación de las aguas.

Se trata, por un lado, de un águila (relacionada con los primeros dueños del palacio, los Torres y los Ulloa) de 67 centímetros de altura por 38 de anchura, con alas incluidas, y, por otro lado, de un ser grotesco y mitológico, rebautizado por el equipo de restauración como 'cerdotijo' (cruce entre cerdo y botijo) de 46 centímetros de altura y 25 de ancho.

Ambas llaman la atención por su esmaltado, y tienen una curiosidad: poseen anverso y reverso. Es decir, están tratadas y esmaltadas por la parte delantera (la que se veía desde la calle) y la parte de atrás (o de arriba), sin tratar, en cerámica cocida, conjugando de esta forma las dos funciones anteriormente referidas.

Los trabajos de restauración han consistido en la limpieza exterior de ambas piezas, la eliminación de los depósitos y la limpieza de patologías y restos biológicos existentes o suciedades diversas, además de biocolonias (pequeños organismos de origen vegetal acumulados sobre la superficie del propio Bien).

Además, se ha procedido a retirar áridos, yesos y morteros depositados en el interior de las gárgolas, que se encontraban muy deterioradas como consecuencia de las inclemencias meteorológicas, según informa la Junta en una nota de prensa.

Igualmente, se ha trabajado en la reconstrucción volumétrica de las piezas, que posteriormente han sido tratadas con esmalte y colorimetría, recuperando los tonos blancos, verdes y azulados que debieron poseer, aplicándose como último una capa protectora.