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La Herencia envenenada del Bigote Oculto y su repercusión en Cataluña

11 julio 2018

Enfrentamientos “ideológicamente fraticidas” se avecinan en el horizonte azul y naranja, y la resolución al acercamiento de posturas en el tema catalán… “corre peligro”.

Sin tener que recurrir a una casa de apuestas, lo de Casado está que más cantado. Se queda con el trono azul, y no valen incestuosos repartos de poder que todo lo calmen en el partido de las Reformas en “B” de Génova. Es curioso y, sin embargo normal en política, ver como ciertas candidaturas derrotadas en las Primarias, han pasado de impugnar los resultados de algunas mesas electorales azules, a servirle en bandeja de plata, al alumno aventajado de FAES, el control absoluto del partido. Es lo que tiene vivir de Spoilers “arriesgados” pero predecibles, en una organización cuyo comportamiento político de poner fin al pasado se resume en el  grito de guerra de Casado: “No hemos llegado hasta aquí para que ahora no cambie nada. Salvando las distancias, la verdadera frase histórica, parece clonada, por no decir plagiada de un Winston Churchill en estado de gracia verbal: “El que nunca cambia, nunca cambiará nada”. Pero el juego político está diseñado para obtener los réditos con una visión y despliegue de sus energías, máximo, a un año de elecciones, de ahí, que los aires de cambios pueden arruinarse a la hora de hacer promesas. “La política es la habilidad para predecir lo que va a pasar mañana, la próxima semana, el próximo mes y el año que viene… Y también, tener la capacidad de explicar después, ¿por qué no sucedió?”. (Churchill). Casado no va a cambiar nada, y Rivera… tampoco.

 

Si el padre putativo de los jóvenes líderes de la Derecha española, siguiera conservando el mostacho, se lo atusaría a modo dalidiano, y, con los ojos en sintonía quijotesca, proclamaría a los vientos de la España de las “cuatro partes ideológicas”: “Soy el Rey del mundo” Pero ojo, porque las moscas surrealistas de Dali acudían al olor de la miel: El genio catalán las llamaba: “El rebaño de Belcebú”, y en época de Congreso… ya se sabe.

 

Los dos imberbes influencers de la derecha española tienen en su discurso de unidad nacional su principal baza; en los nacionalismos el contrincante necesario para hacer piña, y en la figura de “Ansar”, como lo bautizó George W. Bush, un modelo a imitar en sus contradicciones. Hace años, en aquella mesa de pies en alto y puro en mano, nació la necesidad ambos cachorros, por convertirse en estadistas de influencia mundial, como su mentor (al menos eso era lo que creía “Ansar”) Aun así, los alumnos deben superar siempre al maestro, y con la “cagada” de la guerra de Irak, tienen el listón muy alto.

“Bien avenidos” y “picarescamente mal intencionados”, en su definición de una realidad colectiva y plausible en su concepto de nación, amenazan con enarbolar la bandera la discordia, con posturas encontradas frente a los postulados de izquierda “que busca volver a la senda del entendimiento y la cordura”, en un bucle catalán infinito. Dice Kohn que “las nacionalidades sólo surgen cuando ciertos lazos objetivos delimitan a un grupo social. En general una nacionalidad tiene varios de esos atributos: muy pocas poseen todos ellos. Los más frecuentes son: descendencia común, idioma, territorio, entidad política, costumbres, tradiciones y religión, Un examen breve, continúa diciendo Khon, bastará para mostrar que ninguno de ellos es esencial a la existencia  o a la definición de la nacionalidad (Khon, 1949, p.25). Mucho me temo, que el discurso lo tienen bien aprendido, tanto el pupilo aventajado del IBEX 35, como el nonato líder del partido de la Gaviota.

 

El tema catalán seguirá estando presente en el desarrollo ideológico de las conferencias políticas de ambas formaciones, hasta el hartazgo del personal, pero no deben olvidar, azules y naranjas, que no se trata de arrojar piedras en política sino de evitar lanzar conscientemente, un boomerang que amenaza con volverse contra el irresponsable que lo lanza.

 

DIPLOMACIA, TENSIÓN, EMPATÍA Y GENEROSIDAD, son los instrumentos políticos que la izquierda española está dispuesta a poner encima de mesa de una manera seria y responsable, abandonando el “buenismo” político que genera tensión entre el resto de comunidades, que pueden sucumbir al mensaje unilateral de pensamiento único (incluida Cataluña). W. Connor afirmaba que “el nacionalismo es un fenómeno de masas, de élite” El mensaje cala cuando se utiliza el aparato propagandístico de los partidos, porque sus militantes recogen el mensaje de su líder y lo defienden de forma enfervorecida, para pagar panes prestados y futuros estómagos llenos. Resulta peligroso e irresponsable, porque en el momento en que estas definiciones de exclusión ideológica son soltadas al ruedo, suelen tener éxito y son asumidas por una parte importante de la población. En ese momento la profecía “se autocumple” y ya no hay forma de pararla.

 

Pedir responsabilidad en época de promesas estivales por ocupar puestos de poder en la derecha española, parece imposible, pero es necesario adecuar los intereses particulares de los partidos de ámbito estatal, con las sensibilidades políticas a nivel regional, para evitar que la bola de nieve siga y siga creciendo en Cataluña. 

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