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Región Digital

Macerado

25 enero 2021

Del mismo modo que macerar puede significar ablandar algo, también tiene otra acepción, mortificar, afligir la carne con penitencias...

Del mismo modo que macerar puede significar ablandar algo, también tiene otra acepción, mortificar, afligir la carne con penitencias. Viene esto a colación porque, si ya hemos reiterado en multitud de ocasiones, que en la tesitura en la que nos desenvolvemos, todo está “ contaminado” por la pandemia, no lo es menos que, es complicado abordar un tema, que al menos de manera transversal no tenga ahora mismo una relación con las consecuencias del COVID.

Es cierto que con la evolución tan negativa que estamos teniendo se han tenido que producir, día sí y día también, una sucesión de restricciones que no le gustan a nadie. Todos anhelamos los “viejos tiempos”. Pero sin embargo, se constata que a veces al miedo le supera la inconciencia, el vivir al día, el yo pongo medidas o si no está prohibido, es que está permitido.

Pongamos algunos ejemplos: La no apertura de hostelería y comercios se hizo con un objetivo primordial: reducir la movilidad. Con tiendas, bares y restaurantes cerrados, parece deducirse que la gente no necesita salir. Sin embargo, pese a que se produce una reducción sustancial de personas en la calle, seguimos a lo largo de todo el día observando a mucha gente deambular. Como no está prohibido…

Otro más: parques, jardines, zonas de recreo, al no estar cerrados y siguiendo el argumento anterior, te puedes encontrar con la contradicción de ir a determinados espacios, donde habitualmente estás casi solo o con un reducido número de acompañantes y ahora verlos cada tarde repletos de caminantes, padres con niños, paseantes de animales domésticos, gente en bicicleta o haciendo deporte, con la casualidad de que se coincide un elevado número al mismo tiempo. Como no está prohibido…

Finalmente, en las tertulias, en los debates políticos, abordes la cuestión que quieras elegir, siempre habrá un punto de conexión con la pandemia: la cultura, la educación, la sanidad, el empleo, el deporte, el turismo…

Por eso hablaba de macerado. Por un lado ablandamos los problemas, relativizando las consecuencias y por otro estamos todo el día lamentando lo sucedido.

Sin embargo nos queda fijarnos en el reto del día después. De la convivencia. De la perspectiva de futuro.

Parece una obviedad, pero es cada vez más necesario que, teniendo en cuenta la realidad cambiante y lo incesante de los movimientos, procuremos seguir firmes en el cumplimiento de las obligaciones. Los derechos ya nos los sabemos.

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